Sanación Sexual

El sexo es un misterio maravilloso y como buen misterio no se deja dominar. Hay que entregarse a él para disfrutarlo plenamente. La cuestión estriba en si nos entregamos desde el amor y la presencia o desde la carencia de ambos: el miedo y la inconsciencia. Lo que buscamos en el sexo es contacto- energético y fisico- placer, cariño, ternura, relajación, amor, éxtasis, vitalidad, conexión con lo Divino… pero dependiendo desde dónde se practique podemos pasarlo estupendamente o hacernos daño.

Cuando existe un abuso sexual o una violación el daño causado es muy grande y evidente, la culpa es siempre de quien causa la agresión y debe ser castigado con dureza. Los efectos negativos sobre la persona agredida o violentada deben ser tratados debidamente desde el amor, la compasión y la sanación e intentando con mucha delicadeza no victimizar, pues está carga directamente contra la autoestima.

En las relaciones sexuales consentidas y buscadas también podemos dañarnos, pero de una manera sutil y encubierta, un daño que se va acumulnado hasta saturar nuestro cuerpo. Cuando somos adolescentes y jóvenes, ahora parece que somos jóvenes hasta los cincuenta, en ocasiones practicamos sexo por razones que no cuadran mucho con la consecución del amor o el placer. Hacemos el amor de cualquier manera y con personas por las que no sentimos una especial conexión por miedo a no parecer atrevidos, por miedo a la soledad, para que nos quieran, para sacar la energía sexual de nuestros cuerpos cuando está nos desborda, para conseguir derechos sobre la otra persona -me acuesto contigo si haces lo que yo diga- para huir de problemas y situaciones conflictivas, sexo de pago, sexo por obligación… En definitiva que a veces la motivación para participar sexo es evitar enfrentarnos a nuestros miedos.

Y una vez en la cama, o en el coche, o en un probador de ropa o a la salida de una discoteca practicamos sexo de manera inconsciente. Claro si tenemos como referencias sexuales el porno, las pelis americanas, las canciones románticas, los consejos de las revistas femeninas, los sex-shops, el tupper-sex y Las 50 Sombras de Grey pues estamos apañados. Sucumbimos a prácticas sexuales en las que prima la tensión muscular, la fricción de lo genitales, la excitación compulsiva, el morbo, la búsqueda desesperada del orgasmo, las fantasías eróticas, los juguetitos sexuales… y nos olvidamos de lo importante: Ser espontáneos y naturales, dejar que nuestros cuerpos sean quienes hagan el amor y no nuestras mentes ¡El sexo se siente, no se piensa!

Tras años de práctica de sexo convencional, que en ocasiones puede ser muy placentero todo hay que decirlo, el cuerpo va perdiendo sensibilidad y es entonces cuando disminuye el interés por él, o nos lanzamos a experiencias cada vez más intensas que hacen que perdamos más sensibilidad -trios, BDSM, intercambio, parafilias- entrando en un bucle sin fin.

La sanación sexual de las heridas producidas por agresiones, por las secuelas ocasionadas por prácticas sexuales ejercidas desde la carencia del amor propio y la inconsciencia, y de la insensibilidad producida por el sexo convencional, pasan primero de todo por darnos cuenta de que las tenemos. Parece obvio, pero con la nula educación sexual y la mercantilización del sexo no es fácil. Las referencias sexuales conscientes son escasas y minoritarias. Ser sinceros con nosotros mismos y admitir que nuestra vida sexual no es tan placentera como quisiéramos es el primer paso. Luego hay que añadir un poco de coraje para afrontar las emociones dolorosas y mucho, mucho cariño hacia nosotros mismos y hacia nuestras parejas.

El Tantra propone la sanación sexual a través de movilizar, expandir y mantener la energía sexual por nuestro cuerpo y la sensibilización de este. El movimiento de la energía sexual y creativa de los genitales va abriendo camino, deshaciendo los bloqueos tanto físicos, como energéticos y emocionales, y liberando las heridas que deben ser acogidas y sentidas desde la presencia y el amor. La manera de movilizar la energía sexual va desde meditaciones en movimiento, en pareja, respiraciones profundas y acompasadas en solitario o en pareja –el mágico Circulo de la Luz- visualizaciones, mantras, masajes y por supuesto Haciendo el Amor de forma consciente. La sensibilización del cuerpo se basa, como siempre, en la presencia, en amarlo y en cuidarlo. Los masajes, estiramientos, relajaciones, cariños, mimos, besos, susurros y abrazos ablandan el cuerpo, y este agradecido celebra las delicadezas que le ofrecemos en forma de placer.

A los hombres -en general, siempre hay excepciones- por nuestra musculatura y por muchos condicionamientos culturales impuestos nos cuesta más sensibilizarnos. Nos dicen: “los hombres son fuertes” cierto que debemos serlo pero también sensibles y eso nos lo recuerdan poco. A las mujeres por todo el pasado de abusos y de violencia y por ser receptoras de la energía sexual os cuesta, por lo general, más sentir las heridas emocionales que se alojan en los órganos sexuales. Una mujer puede ayudar a sensibilizar a un hombre desde su amor y su sensualidad. Un hombre puede contribuir a liberar las heridas de una mujer desde su presencia y su sexualidad, cuando le hace el amor de forma presente. Un pene consciente es un instrumento sanador de energías negativas y heridas sexuales. Una vez liberados los bloqueos y sensibilizado el cuerpo el Tantra sugiere unir la energía sexual y creativa de los genitales con el amor del corazón: es el Éxtasis Tántrico o la fusión con lo Divino.

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Sensual

Lo sensual nos mantiene en contacto con la vida. Nos comunica con lo que tenemos a nuestro alrededor y con nuestro propio cuerpo. Vivimos demasiado en los pensamientos, razonamientos y juicios ¡Y eso es como vivir en la Luna! ¡De algunas partes de nuestro cuerpo sólo nos acordamos cuando nos duelen! El Tantra suguiere cultivar de una manera decidida lo sensual, sentir el cuerpo y todo lo que le rodea, más que acumular información sobre asuntos que están a miles de kilómetros de nosotros, y que a la postre son nocivos para nuestra vida o al menos insustanciales.

Lo que sí tiene sustancia es sentir el frío en la cara cuando salimos a la calle en invierno ¡toda una caricia! Y lo conseguimos sólo con estar un poco presentes y olvidarnos un rato del móvil. Percibir en nuestras manos el calor de una taza de nuestra infusión favorita con toda presencia, es un gran lujo, que se complementa con el aroma, con el sabor, mientras respiramos a fondo y nos relajamos ¡sin prisas! Si estamos dándole vueltas como una lavadora centrifugado a una tontería que nos dijo un compañero de trabajo, nos la tragamos sentir casi nada.

Los suaves rayos de sol del invierno, apreciar el alargamiento de los días, el olor de la hierba recién cortada andando descalzos sobre ella, mirar las estrellas, alimentarnos degustando delicadamente la comida, darse un baño de espuma o una ducha fría, una sonrisa de un desconocido o de una conocida, que también vale. Sentir el calor o el frío de una mano al estrecharla, abrazos cálidos, besos bien dados, masajes por todo el cuerpo, bailar, caminar, hace el el amor… ¡Y mil cosas más!

Para hacer todo esto no se necesitan alardes monetarios, ni técnicos, ni organizativos. Sólo una cosa: Presencia, con ella los actos más sencillos se vuelven maravillosos. Lo que el Tantra propone es sensibilizar nuestro cuerpo, nuestros sentidos, nuestra percepción: ¡nuestra vida!

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Lo espiritual

Existe en la actualidad una aproximación a lo espiritual que tiene como objetivo buscar la sanación emocional, la limpieza energética, el equilibrio cósmico y la luz a toda costa. Como si la enfermedad, la suciedad, la duda o la sombra fueran un error o un fracaso. Esto trae consigo un ansia por alcanzar una especie de estado perfecto, donde impera la paz, la salud, la felicidad, la voluntad personal y el buenrollito. Es una quimera infantil pretender vivir en un limbo donde solo existan sensaciones, emociones y acciones “buenas” huyendo de las consideradas “malas”. ¡Vivir en un futuro que nunca llega!

Lo que se consigue al pretender cercenar u ocultar la mitad de la vida es el efecto contrario: más tensión, más miedo, más ansiedad y más dolor del que se quiere evitar. Y sobre todo una ausencia considerable de autoestima por creer que a pesar de tantos “esfuerzos espirituales” lo estamos haciendo fatal.

La espiritualidad es inclusiva, acepta también lo que no nos gusta, lo desagradable, el dolor. La aceptación se logra desde el Amor a la vida tal y como es. Vivir con plenitud el momento presente, sea lo que sea, es el mayor regalo de la existencia. El Ser lo incluye todo, tambíen las manchas.

Ritmo y Tantra

Ritmo y Tantra

El Tantra tiene un ritmo lento. No somos computadoras ni robots. Para sentir la vida de una manera auténtica y nutritiva debemos ir un poco más despacio. Conseguimos así abrir capas de sensaciones y sentimientos que necesitan tiempo y confianza. Nuestros pensamientos van más rápidos que nuestro sentir pero salen más “baratos” no es lo mismo pensar en el miedo que sentirlo. ¡La mente es un poco fanfarrona!

Es sencillo, si vivimos con relajación aumentamos nuestra calidad de vida. En ocasiones puede ser complicado desacelerar pero en la mayoría de los quehaceres diarios no es necesaria la prisa. El estrés es debido en gran parte a la inercia, sólo con estar presentes podemos bajar el ritmo y nuestros cuerpos lo agradecerán.

El sexo tántrico es conocido por su lentitud y por su duración. Es preciso estar relajados para hacer del sexo un experiencia maravillosa. La excitación del sexo convencional produce tensión y prisas que disminuyen de forma drástica la intimidad, el placer y finalmente el éxtasis. El sexo convencional se basa en la fricción de los cuerpos, sobre todo de los genitales, y como hemos dicho en el aumento constante de la excitación, olvidándose de la respiración y del estar presentes, hasta llegar rápida y compulsivamente al orgasmo, expulsando la energía sexual fuera del cuerpo.

El sexo tántrico por el contrario se fundamenta en la circulación de la energía sexual entre los cuerpos de los amantes, esto se consigue con la relajación, la respiración y la presencia durante el encuentro sexual. La pasión y la intensidad se pueden dar con un ritmo lento ¡Slow Life!

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