¡Entregarse a la Vida!

¡Vivir!

¡Entregarse a la Vida es el anhelo más íntimo que guardamos en nuestro corazón!

¡Soltar los frenos y lanzarnos a sentir! A dejarnos imbuir por el misterio de la existencia.

En ocasiones lo hacemos y salimos medio escaldados o escaldados enteros. Y es estupendo, es parte de la experiencia de vida. Lo problemático es que después de esas experiencias dolorosas nos encerramos en nosotros mismos, no queremos saber nada sobre vivir a la intemperie. Entonces nos aburrimos como monos en una jaula, a los monos les encanta estar libres en la selva.

El Tantra que es un camino espiritual femenino, otros son masculinos como el Zen o el Yoga, sugiere que tenemos que dejarnos penetrar por la vida, entregarnos plenamente a ella, ser atravesados por la energía vital, pero desde la Presencia y el Amor.

Con una buena autoestima podemos abrirnos de par en par a la vida y si vienen mal dadas poner nuestros límites. Si nos entregamos al sentir desde el Amor y no desde su carencia, no desde el miedo, es más probable que la experiencia sea satisfactoria. Porque nos funciona la intuición, sabemos lo que nos hace bien. Cuando vivimos en Presencia las experiencias pasadas nos sirven de enseñanza, son nuestras maestras, nos iluminan el camino. Dejarnos penetrar por la existencia, por todas sus divinas manifestaciones ¡es estar vivos! Es fundir nuestros pequeños límites personales en pos de lo extático, en pos del Uno que ya Es: ¡Puro Tantra!

Taller de Tantra: Amar y Ser 

Pereza

La pereza es una forma de miedo. Me refiero a vivir instalado en la pereza, no a levantarse tarde un domingo después de una intensa semana de trabajo y una juerga sabatina. La pereza mental, emocional, física, sensorial es en definitiva miedo a no merecer. Como considero consciente o inconscientemente que no soy digno de experimentar la vida en toda su plenitud me vuelvo perezoso. Pero en realidad lo que ocurre es que tengo miedo a enfrentarme a esa prohibición de no experimentar la vida.

  • “Me han invitado a una fiesta pero que pereza me da ir, no voy” En el fondo estás deseando acudir, sino vas es porque crees que no mereces pasártelo bien y te da miedo enfrentarte a esa creencia.
  • “Que pereza meterme en el mar con el agua tan fría y disfrutar de un baño estupendo que activará mi circulación sanguínea y me dejará super relajado.” En realidad es: No merezco sentirme a gusto.
  • “Que pereza pensar en lo que me está diciendo este tipo sobre la pereza” No merezco pensar de otra manera.
  • “Con lo bien que estoy sin pareja que pereza me da abrirme emocionalmente” No merezco intimar.

Resumiendo: La pereza es no querer enfrentarse a la creencia de que no merezco experimentar la vida, o dicho de otro modo: miedo a experimentar.

Cuando uno comprende que tiene derecho a disfrutar de su existencia se levanta del sofá y se hace amigo del miedo.

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Sanación Sexual

El sexo es un misterio maravilloso y como buen misterio no se deja dominar. Hay que entregarse a él para disfrutarlo plenamente. La cuestión estriba en si nos entregamos desde el amor y la presencia o desde la carencia de ambos: el miedo y la inconsciencia. Lo que buscamos en el sexo es contacto- energético y fisico- placer, cariño, ternura, relajación, amor, éxtasis, vitalidad, conexión con lo Divino… pero dependiendo desde dónde se practique podemos pasarlo estupendamente o hacernos daño.

Cuando existe un abuso sexual o una violación el daño causado es muy grande y evidente, la culpa es siempre de quien causa la agresión y debe ser castigado con dureza. Los efectos negativos sobre la persona agredida o violentada deben ser tratados debidamente desde el amor, la compasión y la sanación e intentando con mucha delicadeza no victimizar, pues está carga directamente contra la autoestima.

En las relaciones sexuales consentidas y buscadas también podemos dañarnos, pero de una manera sutil y encubierta, un daño que se va acumulnado hasta saturar nuestro cuerpo. Cuando somos adolescentes y jóvenes, ahora parece que somos jóvenes hasta los cincuenta, en ocasiones practicamos sexo por razones que no cuadran mucho con la consecución del amor o el placer. Hacemos el amor de cualquier manera y con personas por las que no sentimos una especial conexión por miedo a no parecer atrevidos, por miedo a la soledad, para que nos quieran, para sacar la energía sexual de nuestros cuerpos cuando está nos desborda, para conseguir derechos sobre la otra persona -me acuesto contigo si haces lo que yo diga- para huir de problemas y situaciones conflictivas, sexo de pago, sexo por obligación… En definitiva que a veces la motivación para participar sexo es evitar enfrentarnos a nuestros miedos.

Y una vez en la cama, o en el coche, o en un probador de ropa o a la salida de una discoteca practicamos sexo de manera inconsciente. Claro si tenemos como referencias sexuales el porno, las pelis americanas, las canciones románticas, los consejos de las revistas femeninas, los sex-shops, el tupper-sex y Las 50 Sombras de Grey pues estamos apañados. Sucumbimos a prácticas sexuales en las que prima la tensión muscular, la fricción de lo genitales, la excitación compulsiva, el morbo, la búsqueda desesperada del orgasmo, las fantasías eróticas, los juguetitos sexuales… y nos olvidamos de lo importante: Ser espontáneos y naturales, dejar que nuestros cuerpos sean quienes hagan el amor y no nuestras mentes ¡El sexo se siente, no se piensa!

Tras años de práctica de sexo convencional, que en ocasiones puede ser muy placentero todo hay que decirlo, el cuerpo va perdiendo sensibilidad y es entonces cuando disminuye el interés por él, o nos lanzamos a experiencias cada vez más intensas que hacen que perdamos más sensibilidad -trios, BDSM, intercambio, parafilias- entrando en un bucle sin fin.

La sanación sexual de las heridas producidas por agresiones, por las secuelas ocasionadas por prácticas sexuales ejercidas desde la carencia del amor propio y la inconsciencia, y de la insensibilidad producida por el sexo convencional, pasan primero de todo por darnos cuenta de que las tenemos. Parece obvio, pero con la nula educación sexual y la mercantilización del sexo no es fácil. Las referencias sexuales conscientes son escasas y minoritarias. Ser sinceros con nosotros mismos y admitir que nuestra vida sexual no es tan placentera como quisiéramos es el primer paso. Luego hay que añadir un poco de coraje para afrontar las emociones dolorosas y mucho, mucho cariño hacia nosotros mismos y hacia nuestras parejas.

El Tantra propone la sanación sexual a través de movilizar, expandir y mantener la energía sexual por nuestro cuerpo y la sensibilización de este. El movimiento de la energía sexual y creativa de los genitales va abriendo camino, deshaciendo los bloqueos tanto físicos, como energéticos y emocionales, y liberando las heridas que deben ser acogidas y sentidas desde la presencia y el amor. La manera de movilizar la energía sexual va desde meditaciones en movimiento, en pareja, respiraciones profundas y acompasadas en solitario o en pareja –el mágico Circulo de la Luz- visualizaciones, mantras, masajes y por supuesto Haciendo el Amor de forma consciente. La sensibilización del cuerpo se basa, como siempre, en la presencia, en amarlo y en cuidarlo. Los masajes, estiramientos, relajaciones, cariños, mimos, besos, susurros y abrazos ablandan el cuerpo, y este agradecido celebra las delicadezas que le ofrecemos en forma de placer.

A los hombres -en general, siempre hay excepciones- por nuestra musculatura y por muchos condicionamientos culturales impuestos nos cuesta más sensibilizarnos. Nos dicen: “los hombres son fuertes” cierto que debemos serlo pero también sensibles y eso nos lo recuerdan poco. A las mujeres por todo el pasado de abusos y de violencia y por ser receptoras de la energía sexual os cuesta, por lo general, más sentir las heridas emocionales que se alojan en los órganos sexuales. Una mujer puede ayudar a sensibilizar a un hombre desde su amor y su sensualidad. Un hombre puede contribuir a liberar las heridas de una mujer desde su presencia y su sexualidad, cuando le hace el amor de forma presente. Un pene consciente es un instrumento sanador de energías negativas y heridas sexuales. Una vez liberados los bloqueos y sensibilizado el cuerpo el Tantra sugiere unir la energía sexual y creativa de los genitales con el amor del corazón: es el Éxtasis Tántrico o la fusión con lo Divino.

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¿Saben las mujeres poner límites?

Saber poner límites es fundamental para tener una buena vida. Después de respirar y de comer es la necesidad más importante. Poner límites es básico para poder entregarnos con plenitud física, emocional, sexual y energética al misterio de vivir. Sin límites concretos y fuertes nos invadirán, harán de nosotros lo que quieran e incluso podrán agredirnos y violentarnos fácilmente. Quizás hartos de tanto maltrato decidamos poner límites tan estrictos que nadie querrá acercarse a nosotros o al menos no lo suficiente. No podremos disfrutar de relaciones íntimas y nutritivas. El arte de poner límites se aprende como todo arte, con la práctica.

A la pregunta que lleva este texto por título, yo respondo: A las mujeres les cuesta poner límites. Mi madre cuando yo era niño y no quería hacer algo que me ordenaba, cometía alguna fechoría o estudiaba poco me decía aquello de: “Ya verás cuando venga tu padre”. Podemos concluir que esa incapacidad de ponerme límites estaba condicionada por el rol tradicional de mujer que le tocó vivir. Pero si seguimos indagando con pericia nos damos cuenta que en la actualidad, en plena revolución feminista, a las mujeres les siguen costando poner límites claros, sobre todo en las relaciones de pareja y con los hijos (Hiperpermisivad y sobreprotección, las mujeres siguen llevando las riendas de la educación, los hombres se siguen escapando) Incluso mujeres empoderadas socialmente, directivas, jefas, catedráticas, doctoras o capitanas de la Guardia Civil, que mandan sobre un considerable número de hombres y de mujeres, no saben formular un NO sin fisuras a sus parejas y a sus hijos. La explicación podemos encontrarla en que aún existen retazos del tradicional reparto de géneros o que hay desequilibrios sustanciales entre lo femenino y lo masculino.

Para el Tantra la dualidad femenino-masculino no sólo se manifiesta en el exterior. Existe un hombre interior en cada mujer y una mujer interior en cada hombre. Jung llamaba ánimus a lo masculino que hay en cada mujer y ámina a la parte femenina que hay en cada hombre. Ambos aspectos de nuestra existencia tienen cualidades diferentes. Lo femenino abraza, acoge, intuye, ama, cuida, atrae, es abierto, instintivo, sensual, sensible, es la energía. Lo masculino sostiene, desafía, razona, provee, es atraído, concreto, metal, sexual, fuerte, es la consciencia. Ni lo femenino es exclusivo de las mujeres ni lo masculino de los hombres.

Esencialmente si una mujer tiene miedo, odio, abandono o represión hacia lo masculino que hay en su interior, difícilmente podrá aplicar con gracia las cualidades que genera su ánimus. En el caso que nos ocupa, el de los límites, si una mujer no establece una conexión con su masculino, exteriormente vendrán hombres invasivos, la obligarán a ejercer su fuerza si quiere tener una buena vida. El equilibrio entre lo femenino y lo masculino es el abrazo entre la Diosa Shakti (la Energía) y el Dios Shiva (la Consciencia). Es la danza perpetua entre el caos y el equilibrio, la vida es la maravillosa posibilidad de experimentar que la Unión entre los contrarios nos hace felices.

Termino este artículo como lo comencé, con una pregunta:

¿Saben los hombres vivir sus emociones?

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¡Lo importante!

Existen tantas opciones en el mundo que nos resulta casi imposible saber que es lo importante. Nos perdemos en distracciones y en emociones superficiales. Cada vez nos resulta más complicado fijar la atención. Hace diez años una persona con muy buen ojo me dijo: “eres como un globo llevado por el viento” ¡el tipo aquel sin conocerme de nada y a 7000 km de mi vida dio en el clavo! Me dejaba llevar por las modas, los impulsos, las opiniones ajenas… la vida así no es nada placentera. Afortunadamente aquel comentario me llegó hondo y comencé a dejar de volar por los aires emocionales ¡me costó tanto bajar a la tierra!

Requerimos de raíces sólidas donde poder arraigarnos. Con ellas podemos diferenciar claramente los deseos de las necesidades. Para entendernos, los deseos son requerimientos del ego, las necesidades lo son del alma. Si nos dejamos llevar por los deseos egóticos vivimos fuera de nosotros. Vamos por la vida corriendo como adolescentes eternos tras objetos, sensaciones o sentimientos tontorrones. Los deseos son como los alimentos que engordan mucho pero nutren poco. Ahora hay tal cantidad de estímulos, algunos a precios tan bajos, que necesitamos de grandes esfuerzos para sustraernos a ellos.

En una ocasión acudí al traumatólogo para solucionar definitivamente los problemas de mi pie derecho. Tras un esguince mal curado surgieron mucho otros, como consecuencia de ellos tengo los ligamentos elogandos. Yo quería operarme y olvidarme de los esguinces para siempre. El médico muy comprensivo entendió mi dolor pero me hizo una pregunta muy importante: ¿es para ti una necesidad vital hacer deporte regularmente? Mi respuesta fue que no. Entonces no pases por el quirofano, tiene sus riesgos ¡No me operé! Desde entonces tengo más cuidado y solo he vuelto a tener uno más, y eso que doy rienda suelta a mi cuerpo al bailar. ¿Se aprecia la diferencia entre la necesidad y el deseo?

Pongamos otro ejemplo:

Verano, tiempo de vacaciones, el deseo os impulsa a hacer un viaje a tierras exóticas.

“Todo el mundo lo hace, nosotros también” le dices a tu pareja.

“De acuerdo vamos, aunque no sé yo…” dice ella, poco entusiasmada.

Pasáis las de Caín con el jet lag, el calor, los mosquitos, las diarreas, el inglés… todo por un dineral. Las fotos de Facebook e Instagram salen al precio de un book profesional de una top-model. Quizás la necesidad sea pasar un tiempo en intimidad con tu pareja. Sin niños, sin nadie, haciendo el amor a casi todas horas, hablando, sacando lo “malo” llorando, sanando cosas, riendo, bailando, mirándose a los ojos… para esas grandes vacaciones es suficiente tu propia casa o la casa de tus abuelos en su pueblo. Bueno también es necesario abrir un “poquito” el corazón… para saber que es lo importante en tu vida.

Naturalidad

La naturalidad es espontaneidad en el trato y en el modo de proceder. Ser naturales y espontáneos conlleva dar respuestas orgánicas, más sentidas que pensadas. Es vivir más en nuestra energía que en nuestra mente. Es interactuar desde la inmediatez (que no desde la prisa) la fluidez y la entrega. Pero se han convirtiendo en un lujo asiático al ser manifestadas en tan contadas ocasiones. Al preguntarme las causas de tanta artificialidad en nuestras vidas me salen las siguientes ¿qué pensáis vosotros?

  • Por miedo a equivocarme y meter la pata.
  • Por interés: calculando ganancias y pérdidas.
  • Por aparentar ser quien no soy.
  • Por miedo al ridículo.
  • Por miedo a ser juzgado.
  • Para evitar que me vean como realmente soy.
  • Para evitar intimar y sentirme vulnerable.
  • Por falta de autoestima.
  • Por querer gustar a todo el mundo.
  • Para parecerme a mis perfiles de Twitter, Facebook o Instagram.

Pero vivir siempre en la artificialidad es un muermo horripilante. Hacemos muchas cosas para salir de ella, para ser por un ratito espontáneos y naturales: beber alcohol, tomar drogas, medicamentos, realizar actividades con mucha descarga de adrenalina. Ocultarnos en el anonimato de Internet, tener contactos con muy pocas personas y muy parecidas a nosotros, hablar frente al espejo…

Si afinamos un poco más nuestro análisis, podemos concluir que la falta de naturalidad y espontaneidad es en el fondo miedo a la soledad. ¡Sí! miedo a ser único, miedo a ser individuo, miedo a ser yo mismo ¡sólo hay uno como yo! miedo a salirme de lo mayoritario aunque no resuene conmigo. Honrar mi Verdad requiere valor y coraje.

¿Vale la pena tal esfuerzo?

 

 

 

Zona de confort

Lo que se ha dado en llamar la zona de confort antes se nombraba con otras palabras: ni fu ni fa, ni frío ni calor, así así (acompañado de un movimiento de mano) sin pena ni gloria, regulín regular… La zona de confort es un sitio emocional, mental o físico donde nos sentimos seguros, donde los riesgos son escasos o nulos pero la vida es aburrida y previsible. En verdad no es una zona tan confortable como parece, la huida constante de ciertos aspectos de nuestra existencia no es ciertamente un manera agradable de vivir. Para que la vida resulte estimulante debemos tomar riesgos, debemos asumir que la inseguridad forma parte de nuestro existir. El miedo al fracaso, el miedo a no saber, el miedo a no ser suficientes y el miedo a que nos hieran son los motivos principales de vivir instalados en el ni fu ni fa.

Reconocer que no sabemos hacer algo, asumir el fracaso o abrir las heridas emocionales requiere de una autoestima mínima para que no caer en la desesperación. Como siempre digo el Amor hacia uno mismo es el cimiento principal de una existencia feliz. El Amor propio se incrementa de una forma sencilla: amando tus dones y tus problemas, tus virtudes y tus vicios, tus luces y tus sombras. La autoestima crece como crece todo en la vida: ¡arriesgando! Al atrevernos a salir de la zona de confort ya incrementamos un poco nuestro Amor propio, y al incrementar nuestro Amor propio nos atrevemos un poquito más a salir a la corriente de la vida. Como decía mi abuela: la seguridad sólo existe en el Campo Santo.

 

Sobre el bello arte de poner limites

Saber poner límites está relacionado directamente con la autoestima. Si la tenemos por los suelos nunca colocaremos límites por miedo a quedarnos solos o a que nos censuren. Sin límites claros y vigorosos nos invadirán, harán de nosotros lo que quieran, incluso podrán agerdirnos y violentarnos fácilmente. Quizás hartos de tanto maltrato decidamos poner límites tan altos como los muros de un castillo. Entonces nadie se acercará a nosotros o al menos no lo suficiente para disfrutar de relaciones íntimas y nutritivas. La clave para poner los límites justos está en aumentar nuestra autoestima. O dicho de otro modo: no ir por la vida mendigando un puñadito de Amor y una tacita de Presencia a cambio de dejarnos manipular e invadir.

En los talleres de Tantra que facilito observo que poner límites es una de las acciones que más hace aumentar la autoestima, al aumentar la autoestima resulta más fácil colocar límites, rompiendo así un círculo vicioso de dolorosas consecuencias. Un poco de valor y otro poco de coraje sirven para comenzar a cultivar el bello arte de poner límites precisos. Como todo arte lleva su tiempo y su dedicación, al principio nos pasaremos un poco con los límites o tal vez no lleguemos, lo crucial es comenzar. Cuanto más afinemos nuestro arte más fácil será abrir el corazón de par en par al misterio de la existencia.

Desborde emocional

Situándonos en nuestra zona de confort: tumbados en el sofá con la mantita de cuadros, tomando a sorbos nuestra infusión preferida y viendo una temporada entera de una serie estupenda. Podemos imaginar también una zona de confort más ruidosa y movida: la rutina diaria con nuestros hijos, o el trabajo y las clases de yoga, o una relación de pareja muy establecida y un tanto aburrida, o los amigos de siempre con la conversación de siempre… y de repente viene una ola emocional que se lleva todo por delante.

La metáfora perfecta sería meterse en el mar tras pasar un año sin hacerlo. El agua está brava, dejas de hacer pie, ves venir a lo lejos una ola impetuosa, intentas nadar, intentas huir… pero por mucho que te esfuerces te pone patas arriba. No sabes donde estás, la superficie del agua no aparece por ningún lado… sí, sí parece que la claridad es hacia arriba, te das la vuelta y de repente otra ola salvaje te sacude todo el cuerpo, te falta el aire, la superficie vuelve a desaparecer, entras en pánico y crees que vas a morir… con el desborde emocional ocurre algo muy parecido.

La muerte repentina de una persona cercana o una enfermedad grave, el despido de un trabajo o la quiebra de una empresa propia, un divorcio o el enésimo desencuentro sentimental pueden provocar emociones muy fuertes. Pero también situaciones agradables suelen desbordarnos emocionalmente: el anuncio de un embarazo, el nacimiento de un bebé, cambiar de lugar de residencia a otra ciudad o a otro país, materializar el proyecto de nuestros sueños,  enamorarse, la intimidad, el sexo…

Cuando vivimos algunos de éstos momentos se pueden abrir muchos frentes emocionales: la herida de abandono, el miedo al fracaso, el miedo a no ser suficiente, heridas sexuales, la baja autoestima, rabia o tristeza acumuladas durante años, el miedo a no saber… si en el mar una ola nos sumerge enteros saber nadar nos ayuda a salir de ella. Debemos aprender a nadar emocionalmente antes de que las situaciones nos desborden por completo. Salir de nuestra zona de confort para sanar nuestra herida de abandono, nuestro rechazo a la intimidad o nuestro miedo al sexo, es como aprender a nadar antes de meternos en el mar.

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A vueltas con el apego y el desapego

Existe mucha confusión en torno al apego y al desapego. El apego es desear seguir viviendo algo que ya ha pasado por no querer sentir lo que viene después ¡imposible! Nos apegamos a lo placentero, a lo alegre, a los subidones energéticos, a los enamoramientos románticos, a los aplausos… pero incluso nos apegamos a relaciones tormentosas o vacías por miedo a estar sin pareja. Nos apegamos a personas, pensamientos, acciones o sustancias tóxicas por miedo a asumir nuestra responsabilidad, y por el pánico al no saber. El apego es muy doloroso, es vivir fuera de nosotros mismos. El desapego es dejar ir lo que ya sucedió, es aceptar de una manera orgánica, vivida y total que lo que empieza termina. Para eso hace falta lo que siempre apunto: autoestima (Amor) y valor y coraje (Presencia)

La confusión viene cuando hartos de sufrir por apegarnos a todo lo “bueno” y a una parte considerable de lo “malo” nos convertimos en “desapegaos”: En seres que ni siente ni padecen. Tenemos relaciones de pareja embutidos en trajes de neopreno, se muere nuestra madre y no hacemos ni duelo ni nada. Nos hacen la vida imposible en el trabajo y decimos “como he decidido desapegarme de todo pues no me importa” Desapegarse no es convertirse en espectador de esta tragi-comedia-dramática-absurda-y-maravillosa que llamanos vida, es seguir siendo el actor principal. El desapego es sencillamente dejar pasar lo ya vivido, pero tras vivirlo plenamente claro, e intuir que lo que nos depare la existencia será lo adecuado para nosotros. Existir en el escenario de nuestra vida es maravilloso, no lo es tanto acoplarse en patio de butacas.

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