Consejos

Los consejos no pedidos son juicios sumarísimos. Cuando “regalamos” opiniones sin ser requeridas estamos criticando indirectamente a la persona que las recibe. Y encima pretendemos quedar como seres compasivos y clementes que ayudan sin fin y sin recibir ninguna recompensa a cambio. ¡Falso! Lo que hay detrás es una inflación egótica: me subo en un púlpito y como yo se más que tú, incluso de tu vida, te digo lo que tienes que pensar y hacer. O bien hay mucha envidia hacia la persona aconsejada e intentamos taparla emitiendo consejos, criticas en el fondo, por aquí y por allá y por arriba y por abajo. También se pueden utilizar los consejos para manipular: “Debes dejar a tu novio, es un hombre que no te conviene, es demasiado bruto, necesitas a un hombre sensible” casualmente la cualidad de quién aconseja. Antes de atrevernos a ofrecer un consejo, aún si es solicitado, yo creo que debemos pedir permiso por escrito. ¡Casi firmar un contrato!

¿Estaré dando yo demasiados consejos en este blog? Jajaja…

 

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Ayuda

Ayudar de corazón es una de las acciones humanas que produce más satisfacción. La ayuda es de corazón cuando es altruista, cuando el placer de ayudar es la única motivación. Si existe un “quid pro quo”, yo te doy y tú me das, el placer de dar disminuye, digamos que la relación es más funcional pero válida si se hace desde la consciencia y el respeto. Cuando el ayudar esconde un querer recibir que no se muestra a las claras entramos en la manipulación. Ejemplo: una persona se desvive por otra, ofreciéndose siempre a llevarla a casa tras el trabajo, a solucionar constantemente sus problemas informáticos, y sí además, escucha sin pausa sus conflictos emocionales, en realidad quiere tener sexo con ella pero no se atreve a decirlo abiertamente. Si el ayudar se convierte en una acción continúa hacia una persona entramos en el sometimiento. La persona ayudada terminará infravalorandose y le será muy difícil crecer y valerse por sí misma. Abandona el rumbo de su vida en manos de otra. El ayudador constante en realidad desea someter, crear dependencia en el ayudado para sentirse valido y estar seguro de ser necesitado siempre. La relación que se crea entre ambos es turbia y complicada: culpa, reproches, mentiras… en realidad nadie quiere ser esclavo aunque la jaula sea de oro.

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