El remedio

El remedio a la falta de calidad en el sexo y su escasa práctica pasa por volver al cuerpo. Refinar nuestros sentidos, relajar nuestros músculos, abrir el corazón al amor y permitir que la energía vital circule sin fin. Salirnos de la mente, del morbo, el sexo no se piensa se siente. Bueno quizá el morbo pueda ser como un aperitivo, como la guinda de un pastel, pero lo bueno es disfrutar del pastel entero. El sexo placentero, sensual, amoroso, que genera éxtasis -el éxtasis es sobrepasar nuestro yo pequeñito para convertirnos en un oceano de Paz, Amor y Placer- se consigue cultivando la intimidad con nuestra pareja. Mirándonos a los ojos, compartiendo nuestros gustos, siendo vulnerables a lo que ocurre en cada encuentro sexual, todos son diferentes. Sentirnos en cada roce de la piel, en cada beso, en cada abrazo, en cada gemido. Sin dejarnos llevar por una excitación apresurada que genera ansiedad por lograr el orgasmo. El sexo gozoso no produce estrés ni cansancio al contrario genera pura relajación, puro deleite, quedándose uno con la boca abierta ante la inconmensurable energía que fluye por todo nuestro cuerpo, no sólo por los genitales. Inundándonos de placer, paz, amor y de una mágica conexión con nuestra pareja… hasta tal punto que ya no hay límites entre ambos…

El sexo tántrico se basa en la circulación de la energía entre los amantes. Para que esa energía circule en bucle y no sea expulsada del cuerpo es necesario estar presentes en el acto sexual. Con la presencia evitamos dejarnos llevar por la excitación, la tensión y el aumento de los ritmos respiratorio y cardíaco que conducirán inevitablemente a una catarsis, al orgasmo, y a la salida de la energía vital y gozosa del cuerpo. No se trata de reprimir ninguna de esas situaciones de manera frontal sino de sentirlas y dejarlas pasar sin engancharnos a ellas. El Tantra deja al cuerpo hacer el amor, y nunca mejor utilizada la expresión, de una manera natural y espontánea. Con la presencia lo que intentamos conseguir es desprogramar los automatismos sexuales que culturalmente nos han inculcado y que nos restan creatividad, sensualidad, placer, amor y conexión con lo Divino.

Taller De TANTRA

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Cuerpos

¡Lo que más anhelamos en este mundo es sentir! El cuerpo es el gran regalo que nos proporciona la naturaleza para ello. Nuestro cuerpo es el sitio sagrado donde resuena el universo. Es sin duda, el mejor lugar donde podemos estar. Al habitar nuestro cuerpo existimos, sentimos… nos extasiamos.

Si vivimos fuera del cuerpo y nos quedamos en la mente (todo el día pensando, discriminando, analizando, juzgando y fantaseando) nuestra vida es como la de un espectador contemplando una obra de teatro ¡mucho mejor ser el actor principal de nuestra vida! La forma de vivir en el cuerpo es a través de la energía y de la presencia. Sin ellas el cuerpo es como una ciudad sin habitantes ¡nadie la disfruta!

El Tantra propone amar y comprender nuestra energía sexual como fuente inagotable de vida. Existen aún muchos tabúes, mitos y confusiones sobre lo sexual. Hemos pasado de la represión y el ocultamiento a la banalización y a la comercialización del sexo. Es increíble pero la mayor escuela de educación sexual es el porno.

La energía sexual es el combustible que llena nuestro cuerpo de vida y la presencia es la guía que hace que circule de forma maravillosa. La plenitud vital es el baile entre la energía y la presencia. En la tradición tántrica la energía está representada por la diosa Shakti y la presencia por el dios Shiva. Cuando ambos se escuchan y se entienden vivir se convierte en un placer.

 

Piel con Piel

La piel es el mayor órgano de nuestro cuerpo. Sirve como barrera protectora y como fuente de disfrute. La piel está inundada de terminaciones nerviosas que correctamente estimuladas nos procuran sanación, amor, placer o éxtasis. A pesar de ser latinos nos tocamos poco y en ocasiones mal, aún existen muchos tabúes al respecto ¡no quiero imaginar como lo hacen Japón o en Escandinavia!

Al tocar nuestros cuerpos existen dos energías diferentes: la energía sensual y la energía sexual. Saber diferenciarlas nos hará disfrutar plenamente de la piel y del cuerpo.

  • La energía sensual tiene la cualidad de ser abierta, acogedora, libre, la sensualidad nos mece, nos acaricia, nos relaja.
  • La energía sexual tiene la cualidad de ser concreta, potente, enfocada, la sexualidad nos toma, nos impulsa, nos activa.

La energía sexual se da entre adultos y su finalidad es tener una intimidad muy concreta: sexo. La energía sensual tiene una finalidad diferente: disfrutar de la piel y del resto del cuerpo sin que haya sexo por medio. La sensualidad puede darse entre hombres heterosexuales y mujeres también, aunque es más fácil que surja entre ellas. O entre personas de diferente género sin ninguna intención sexual. Bailar, abrazar, besar, dar masajes, acariciar, son actos sensuales. No estamos acostumbrados a ver que dos amigos, ambos heterosexuales, se acarician por miedo a meter el sexo por medio. En algunas culturas diferentes a la nuestra, los amigos, hombres, se pasean por las calles cogidos de la mano, es por tanto un asunto de costumbres.

Puede que en determinadas circunstancias la energía sensual cambie hacia una energía más sexual, pero sabiendo las diferencias podemos establecer límites claros y disfrutar de ambas cuando corresponda. No hace mucho tiempo que la desnudez era un gran tabú, ahora las playas y otros lugares están repletos de personas que muestran sus cuerpos con naturalidad, esperemos que pronto ocurra con la sensualidad.

Emociones mentales

Las emociones mentales son intentos de sentir desde el pensamiento. Cuando tenemos bloqueado nuestro sentir por alguna razón (traumas, fobias, miedo existencial) no podemos ser del todo conscientes de la energía que nos atraviesa el cuerpo. Las sensaciones corporales y los sentimientos están distorsionados y la energía vital apenas es perceptible. Vivimos entonces en la mente, pero vivimos una vida a medias, porque como ya sabemos la vida no se piensa se siente.

A pesar del bloqueo emocional siempre hay una intuición de que la vida es algo más que la mente, y también al observar como otras personas disfrutan desde sus sensaciones y sus sentimientos de una existencia más vivida, intentamos imitarles, inflando nuestras emociones desde el ego. Con un ejemplo lo comprenderemos mejor: si tenemos muchas ganas de tener pareja estable y no conseguimos dar en la diana, podemos agrandar la emoción hacia una persona que nos guste. Porque tiene los ojos preciosos o unos pechos grandes o una voz seductora o es muy divertida. Pero al no estar conectados con nuestro cuerpo y con nuestra energía no percibimos si realmente es una atracción profunda, no estamos percibiendo a la persona real. Inflamos la emoción mediante pensamientos, intentamos engañar al cuerpo cortando la energía. Cuando esa emoción explota como un globo o la relación amorosa con esa persona se convierte en dolorosa o vacía el batacazo emocional es soberbio. Tras muchos batacazos quizá decidamos abrir nuestro sentir, conectarnos con nuestra energía y con la energía de los otros ¡conectarnos con la vida!

El sexo y los carretes

Tan antiguo y tan desconocido será el sexo dentro de no mucho tiempo como lo son para un milenial esa cámara analógica y esos carretes fotográficos. En Japón ya pasa, son líderes mundiales en cámaras digitales y en abstinencia sexual. No olvidemos que la sociedad japonesa es la más tecnificada del planeta, y lo que allí sucede sucederá en el resto del mundo desarrollado con los matices propios de cada cultura. Claro el instinto sexual no se puede arrancar de cuajo pero se intenta reprimir, controlar, sublimar… Meterse a monja, monje o cura serían las formas antiguas de aproximarse al olvido del sexo, aunque sólo Dios sabe lo que ocurre en los conventos en los monasterios y en el Vaticano.

Los tiempos cambian ahora para ser célibe no es necesario enclaustrarse, basta con pasar buena parte del día en las redes sociales, en Netflix, whatsappear con desconocidos sobre lo divino y lo humano, jugar con la consola, ver vídeos tontorrones. También contribuye mucho a la inactividad sexual las actividades extralaborales tras una larga jornada de trabajo: tomar cañas, ir al gym, hacer cursos de origami, de teatro, de mindfulnes o ir a las manifas… Sentir a todas las personas del otro sexo como amig@s o herman@s no sube mucho la libido. Ser un exigente gourmet, dedicar mucho tiempo y mucha energía a las mascotas o a los robots de compañía (los smartphones lo son) tampoco. El miedo cerval a las bacterias, ver programas de Antonio García Ferreras, ser un gran forofo futbolero o intentar convertirse en un ser de luz antes de tiempo, también apaciguan mucho la energía sexual. Por cierto según la American Psychological Association (APA) pensar y hablar mucho sobre sexo no cuenta como práctica sexual.

¿Por qué practicamos cada vez menos sexo pero a la vez nos atrae tanto?

La respuesta tiene que ver con el abandono de nuestros instintos animales. Ya lo dijeron los hippies y su liberación sexual de los años 60, y antes Sigmund Freud en El malestar de la cultura y antes los románticos. Muchos otros lo han expresado de muy diversas maneras: ¡Somos animales! ¡Hembras y machos humanos! También somos seres racionales y abstractos y filosófico-artistas y científico-técnicos y espirituales de consciencia pura, pero primero animales. Si lo olvidamos es como querer escribir literatura como García Márquez obviando el abecedario. Amar profundamente nuestra energía sexual, nuestro poder animal, y comprenderla nos hace seres sexuales, fuertes, sensuales, vitales, creativos, sensibles, amorosos… ¡plenos!

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¡Somos humanos!

¡No somos ciberhumanoides electrónicos hiperconcectados en red pero aislados en cubículos! ¡De momento somos humanos! Mamíferos de sangre caliente, machos y hembras con necesidades animales: Respirar, comer, beber, defecar, orinar, sexo, jugar, necesitamos expandirnos, pertenecer a grupos (no sólo de Whatsapp o Facebook) nos  encanta el contacto físico, la sensualidad, los abrazos, los besos, las caricias… pero de calidad… con presencia… con amor. No de forma atropellada entre un atracón de Neflix, la subida de fotos en Instragram y el recuento de Like en Facebook. Además de machos y hembras somos hombres y mujeres, seres racionales, con una capacidad de abstracción superlativa y una inteligencia estupenda, también somos seres de luz, dioses y diosas, consciencia y energía. Vivimos en esa dualidad que hace posible la existencia, al menos en este universo. Pero se nos olvida con frecuencia que somos animales, carne viva, con necesidades y bendiciones. Recuerdo una historia que me contaron sobre una gatita encontrada en un cubo de basura. Aún tenía el cordón umbilical colgando, su madre no pudo ni siquiera lamerla. Salvaron su vida y la cuidaron con mucho mimo pero al crecer se convirtió en una gata arisca y enfadada. Nadie puede acercarse a ella, ni siquiera un gato alfa puede montarla. Le faltó el contacto físico de sus iguales, de su madre y de sus hermanos. Cuando las hembras lamen a sus cachorros no solo es para limpiarles, inmunizarles con la saliva o calentarles el cuerpo, también les abrazan con la lengua, les trasmiten cariño, amor y placer.

Si no nos damos cariño, piel, amor físico, besos, abrazos, mimos, placer nos volvemos en principio seres mentales, siempre pensando nunca sintiendo. Algunos se tornan ariscos, otros agresivos y muchos violentos o adictivos. Si no nos tocamos con el tiempo, el amor y la presencia suficientes perdemos el instinto animal de como acercarnos a los demás. Y lo suplimos con torpes maneras: invadiendo, manipulando, exigiendo o directamente agrediendo. Perdemos el instinto carnal y la forma de arreglarlo que tenemos no es volviendo a ser sensuales sino con normas, leyes, procediementos, protocolos…. todo muy mental ¡No se pueden regular las relaciones físicas y emocionales humanas como si fuera el mercado hipotecario!

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Pereza de Sentir

Cuando hablamos mentimos ¡mucho! a veces con intención de hacerlo y en ocasiones sin darnos cuenta.

Mentimos para ocultar cosas dolorosas:

-¿Qué tal el trabajo?

-¡Uf, fenomenal!

Por no llevar la contraria:

-Yo no creo que que haya cambio climático.

-Ya… yo tampoco.

Por no herir sentimientos:

-¿Qué tal me queda el pelo rosa?

-¡Precioso!

Por no romper el momento:

-¡Otra ronda de birras!

-¡¡¡PERO SI LLEVAMOS SIETE!!! ¡… venga vale, la última!

-¡La penúltima!

Por presumir:

-¿Qué tal en Birmania?

-¡¡¡Genial!!! ¡Me encanta viajar! (Te dio colitis, te brearon los mosquitos, te robaron la mochila, te horneaste de calor y encima por una pasta)

Por “amor”:

-¿Te ha gustado?

-¡Me encanta el sexo contigo!

Por envidia y por fastidiar:

-Mira con que hombre tan guapo y tan buenorro he quedado está noche.

-Yo le veo del montón.

Por miedo:

-¿No te importa quedarte un par de horas más?

-En absoluto, hasta que venga el pedido.

Por interés:

-Entonces el funcionario me dijo que me faltaba un papel… ¿me estás escuchando?

-Si claro que te escucho… que te faltaba un escote… digo un funcionario… esto un papel… muy interesante la conversación…

-¡Miramé a los ojos!

La mentira está tan arraigada que nos mentimos a nosotros mismos cuando pensamos:

-No le he llamado gordo, sólo le he dicho que come como un elefante, que le sobran 20 kilos y que está fofo ¿Por qué se enfada?

Otro ejemplo:

¡Si no bebo tanto! Hoy únicamente cuatro whiskys y seis cervezas.

Más pensamientos:

¡Estoy alegre! ¡Soy alegre! ¡Vivo en la alegría! ¡Pensamiento positivo! Fuera tristeza fuera, no quiero sentirte…

Mentimos desde el pensamiento y lo hacemos fundamentalmente para no sentir. Los pensamientos nos sirven de amortiguadores. Los utilizamos para manipular la realidad, para no vivir lo que no nos gusta. Cuando ponemos filtros mentales nos rodeamos de escudos protectores que nos aíslan, pero es lo último que queremos. Deseamos fervientemente intimidad con nosotros mismos y con los demás: la mentira boicotea la intimidad. La sinceridad es intimidad con uno mismo y por ende con los otros. Se crea intimidad cuando abrimos el corazón y regalamos nuestro sentir a la vida, nos unimos con ella. Experimentar todos los sentimientos, todas las sensaciones, todas las emociones es la plenitud ¡La sinceridad libera el Alma!

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