Culpa

La culpa es el sentimiento más denostado del mundo ¡Injustamente! Sentirnos culpables es absolutamente necesario para madurar, evolucionar emocionalmente y encarar cambios de todo tipo ¡Me explico! Para poder experimentar la libertad y ser tú mismo debes separarte de los valores, tradiciones y normas familiares que no van contigo. Y eso te produce mucha culpa. También la separación física de tu familia puede hacerte sentir culpable. Pero no queda otra si quieres hacer tu vida. Otro ejemplo: Si tú existencia es mucho más placentera que la de algunos de tus hermanos o hermanas quizá la culpa venga a visitarte ¡aceptala! o renuncia a los regalos que la vida te ofrece. Más situaciones: Tras una larga relación de pareja puede que el amor comience a disiparse, de repente te enamoras del profesor o profesora de yoga y sientes deseos ardientes de vivir con tu nuevo amor. Caben dos opciones o te sientes culpable o haces como Meryl Streep en Los puentes de Madison.

La culpa forma parte de la vida, es un dolor emocional con el que hay que convivir. Si nos equivocamos repetidamente o hacemos daño a alguien o no estamos demasiado presentes es lógico que sintamos culpa. Si huimos despavoridos de ella es cuando se convierte en una carga insoportable. Si además le añadimos el sambenito de ser uno de los ejes fundamentales del catolicismo, nos sentimos culpables por sentirnos culpables y entonces entramos de lleno en un círculo culposo, que es como el famoso círculo vicioso pero monográfico.

¡Pongamos a nuestra culpa un plato a la mesa!

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