Emociones mentales

Las emociones mentales son intentos de sentir desde el pensamiento. Cuando tenemos bloqueado nuestro sentir por alguna razón (traumas, fobias, miedo existencial) no podemos ser del todo conscientes de la energía que nos atraviesa el cuerpo. Las sensaciones corporales y los sentimientos están distorsionados y la energía vital apenas es perceptible. Vivimos entonces en la mente, pero vivimos una vida a medias, porque como ya sabemos la vida no se piensa se siente.

A pesar del bloqueo emocional siempre hay una intuición de que la vida es algo más que la mente, y también al observar como otras personas disfrutan desde sus sensaciones y sus sentimientos de una existencia más vivida, intentamos imitarles, inflando nuestras emociones desde el ego. Con un ejemplo lo comprenderemos mejor: si tenemos muchas ganas de tener pareja estable y no conseguimos dar en la diana, podemos agrandar la emoción hacia una persona que nos guste. Porque tiene los ojos preciosos o unos pechos grandes o una voz seductora o es muy divertida. Pero al no estar conectados con nuestro cuerpo y con nuestra energía no percibimos si realmente es una atracción profunda, no estamos percibiendo a la persona real. Inflamos la emoción mediante pensamientos, intentamos engañar al cuerpo cortando la energía. Cuando esa emoción explota como un globo o la relación amorosa con esa persona se convierte en dolorosa o vacía el batacazo emocional es soberbio. Tras muchos batacazos quizá decidamos abrir nuestro sentir, conectarnos con nuestra energía y con la energía de los otros ¡conectarnos con la vida!

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Brillo en los ojos

Los ojos adquieren un brillo especial cuando uno se enamora. Enamorarse es un sentimiento muy potente, un hechizo provocado por las flechas embadurnadas de Amor de Cupido o de Eros, o un subidón de hormonas si nos ponemos menos poéticos. La naturaleza lo utiliza para abrir nuestro corazón, un poco, no de par en par, y para comenzar a intimar con la otra mitad de la pareja (y sobre todo con uno mismo) sirve además para disfrutar muchísimo de cualquier cosa. La vida entonces adquiere un carácter como de cuento de Hadas. De verdad es fantástico enamorarse, nos sentimos acompañados, ligeros, completos, alegres, incluso cambian un poco las voces, se van los tonos estridentes, las caras como que relucen. Cualquier tontería puede ser motivo de jolgorio, no hace falta nadie, ni casi nada. Sólo infinitos besos de chocolate, sexo por doquier y promesas de Amor eterno ¡C’est l’amour!

Todo lo que sube baja, todo lo que comienza termina: el enamoramiento también. Entonces va desapareciendo el hechizo y nos damos cuenta de que la otra persona no es el ideal que nos habíamos creído, es ahí donde empieza lo bueno de verdad. Al concluir el encantamiento es cuando debemos darlo todo. Si las cosas no fluyen como al principio es cuando tenemos que estar más en Presencia. Es ahí donde se forja el Amor, el Amor como estado del Alma no como sentimiento pasajero. El subidón hormonal que se produce al enamorarse no es una broma, hay personas muy enganchadas que cuando sienten la disminución de sus efectos, y deben dar la cara, salen corriendo despavoridos a buscar otra ración extra de hormonas en cualquiera que se cruce por la calle, bueno ahora más bien en las redes sociales.

Las relaciones de pareja son un abrazo grande que nos da la vida. Una posibilidad de crecimiento emocional y espiritual a través de la intimidad. Pero la intimidad sólo se logra mediante la vulnerabilidad. Siendo sinceros con uno mismo y con nuestro amante. Dejando ver nuestra sombra al otro y viendo la suya con generosidad y respeto. Sintiéndonos frágiles como un recién nacido y también fuertes como un tigre para poder sostener los problemas que vayan surgiendo. Nuestra pareja es un espejo mágico donde poder mirarnos por dentro, se requiere un compromiso con el amado o con la amada y con nosotros mismos. Y también dedicar energía, tiempo, valor, coraje y sobre todo Amor y Presencia. Entregarse al Amor es un regalo de la existencia envuelto en papel miedo.

 

Desborde emocional

Situándonos en nuestra zona de confort: tumbados en el sofá con la mantita de cuadros, tomando a sorbos nuestra infusión preferida y viendo una temporada entera de una serie estupenda. Podemos imaginar también una zona de confort más ruidosa y movida: la rutina diaria con nuestros hijos, o el trabajo y las clases de yoga, o una relación de pareja muy establecida y un tanto aburrida, o los amigos de siempre con la conversación de siempre… y de repente viene una ola emocional que se lleva todo por delante.

La metáfora perfecta sería meterse en el mar tras pasar un año sin hacerlo. El agua está brava, dejas de hacer pie, ves venir a lo lejos una ola impetuosa, intentas nadar, intentas huir… pero por mucho que te esfuerces te pone patas arriba. No sabes donde estás, la superficie del agua no aparece por ningún lado… sí, sí parece que la claridad es hacia arriba, te das la vuelta y de repente otra ola salvaje te sacude todo el cuerpo, te falta el aire, la superficie vuelve a desaparecer, entras en pánico y crees que vas a morir… con el desborde emocional ocurre algo muy parecido.

La muerte repentina de una persona cercana o una enfermedad grave, el despido de un trabajo o la quiebra de una empresa propia, un divorcio o el enésimo desencuentro sentimental pueden provocar emociones muy fuertes. Pero también situaciones agradables suelen desbordarnos emocionalmente: el anuncio de un embarazo, el nacimiento de un bebé, cambiar de lugar de residencia a otra ciudad o a otro país, materializar el proyecto de nuestros sueños,  enamorarse, la intimidad, el sexo…

Cuando vivimos algunos de éstos momentos se pueden abrir muchos frentes emocionales: la herida de abandono, el miedo al fracaso, el miedo a no ser suficiente, heridas sexuales, la baja autoestima, rabia o tristeza acumuladas durante años, el miedo a no saber… si en el mar una ola nos sumerge enteros saber nadar nos ayuda a salir de ella. Debemos aprender a nadar emocionalmente antes de que las situaciones nos desborden por completo. Salir de nuestra zona de confort para sanar nuestra herida de abandono, nuestro rechazo a la intimidad o nuestro miedo al sexo, es como aprender a nadar antes de meternos en el mar.

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Sanación sexual 2

Decíamos en el post anterior que al practicar sexo de forma convencional (excitación, búsqueda del orgasmo, fricción de los genitales, tensión corporal, fantasías y morbo) se nos olvida lo más importante: Ser espontáneos y naturales, dejar que nuestros cuerpos sean quienes hagan el amor y no nuestras mentes ¡El sexo se siente, no se piensa!

Tras años de práctica de sexo convencional, que en ocasiones puede ser muy placentero todo hay que decirlo, el cuerpo va perdiendo sensibilidad y es entonces cuando disminuye el interés por él o nos lanzamos a experiencias cada vez más intensas que hacen que perdamos más sensibilidad, entrando en un bucle sin fin.

La sanación sexual de las heridas producidas por agresiones, y sobre todo las secuelas ocasionadas por prácticas sexuales ejercidas desde la carencia de amor propio y la inconsciencia, y también la insensibilidad producida por el sexo convencional, pasan primero de todo por darnos cuenta de que las tenemos. Parece obvio, pero dado la casi nula educación sexual y la mercantilización del sexo no es tan fácil. Las referencias sexuales conscientes son escasas y minoritarias. Ser sinceros con nosotros mismos y admitir que nuestra vida sexual no es tan placentera como quisiéramos es el primer paso. Luego hay que añadir un poco de coraje para afrontar las emociones dolorosas y mucho, mucho cariño hacia nosotros mismos y hacia nuestras parejas.

El Tantra propone la sanación sexual a través de movilizar, expandir y mantener la energía sexual por nuestro cuerpo y la sensibilización de este. El movimiento de la energía sexual y creativa de los genitales va abriendo camino, deshaciendo los bloqueos tanto físicos, como energéticos y emocionales y liberando las heridas que deben ser acogidas y sentidas desde la Presencia y el Amor. La manera de movilizar la energía sexual va desde meditaciones en movimiento, en pareja, respiraciones profundas y acompasadas en solitario o en pareja, el mágico Circulo de la Luz, visualizaciones, masajes y por supuesto haciendo el amor de forma consciente. La sensibilización del cuerpo se basa, como siempre, en la presencia, en este caso corporal y en amarlo y cuidarlo. Los masajes, estiramientos, relajaciones, cariños, mimos, besos, susurros y abrazos ablandan el cuerpo, y este agradecido celebra las delicadezas que le ofrecemos en forma de placer.

A los hombres -en general, siempre hay excepciones- por nuestra musculatura y por muchos condicionamientos culturales impuestos nos cuesta más sensibilizarnos. Nos dicen: “los hombres son fuertes” cierto que debemos serlo pero también sensibles y eso nos lo recuerdan poco. A las mujeres por todo el pasado de abusos y de violencia y por ser receptoras de la energía sexual os cuesta, por lo general, más sentir las heridas emocionales que se alojan en los órganos sexuales. Una mujer puede ayudar a sensibilizar a un hombre desde su amor y su sensualidad, y un hombre puede contribuir a liberar las heridas de una mujer desde su presencia y su sexualidad, cuando le hace el amor de forma presente. Un pene consciente es un instrumento sanador de energías negativas y heridas sexuales. Una vez liberados los bloqueos y sensibilizado el cuerpo el Tantra sugiere unir la energía sexual y creativa de los genitales con el amor del corazón: es el éxtasis tántrico o la fusión con lo Divino.

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Sanación sexual 1

El sexo es un misterio maravilloso y como buen misterio no se deja dominar. Hay que entregarse a él para disfrutarlo plenamente. La cuestión estriba en si nos entregamos desde el Amor y la Presencia o desde la carencia de ambos: el miedo y la inconsciencia. Lo que buscamos en el sexo es contacto- energético y fisico- placer, cariño, ternura, relajación, amor, éxtasis, vitalidad, conexión con lo Divino… pero dependiendo desde dónde se practique podemos pasarlo estupendamente o hacernos daño.

Cuando existe un abuso sexual o una violación el daño causado es muy grande y evidente, la culpa es siempre de quien causa la agresión y debe ser castigado con dureza. Los efectos negativos sobre la persona agredida o violentada deben ser tratados debidamente desde el Amor, la compasión y la sanación e intentando con mucha delicadeza no victimizar, pues está carga directamente contra la autoestima.

En las relaciones sexuales consentidas y buscadas también podemos dañarnos, pero de una manera sutil y encubierta, un daño que se va acumulnado hasta saturar nuestro cuerpo. Cuando somos adolescentes y jóvenes, ahora parece que somos jóvenes hasta los cincuenta, en ocasiones practicamos sexo por razones que no cuadran mucho con la consecución del amor o el placer. Hacemos el amor de cualquier manera y con personas por las que no sentimos una especial conexión por miedo a no parecer atrevidos, por miedo a la soledad, para que nos quieran, para sacar la energía sexual de nuestros cuerpos cuando está nos desborda, para conseguir derechos sobre la otra persona -me acuesto contigo si haces lo que yo diga- para huir de problemas y situaciones conflictivas, sexo de pago, sexo por obligación… En definitiva que a veces la motivación para participar sexo es evitar enfrentarnos a nuestros miedos.

Y una vez en la cama, o en el coche, o en un probador de ropa o a la salida de una discoteca practicamos sexo de manera inconsciente. Claro si tenemos como referencias sexuales el porno, las pelis americanas, las canciones románticas, los consejos de las revistas femeninas, los sex-shops y el tupper-sex pues estamos apañados. Sucumbimos a prácticas sexuales en las que prima la tensión muscular, la fricción de lo genitales, la excitación compulsiva, el morbo, la búsqueda desesperada del orgasmo, las fantasías eróticas, los juguetitos… ¡y nos olvidamos de lo importante!

Continuará…

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Emociones y sentimientos

La diferencia entre las emociones y los sentimientos estriba en el tiempo. Las emociones son vivencias del pasando no aceptadas y no validadas. Los sentimientos son reacciones a lo que ocurre en el aquí y el ahora. Con algunos ejemplos lo comprenderemos mejor. Si de una persona se rieron de manera abusiva y constante en su niñez y no ha resuelto ese dolor, ante una broma de unos amigos puede reaccionar de una manera exagerada, siendo agresiva o huyendo despavorida. No está reaccionado a lo que ocurre en el momento presente sino a lo que le ocurrió en el pasado. Otra persona puede haber sido objeto de abusos sexuales y ante la posibilidad de un encuentro íntimo lo rechaza de antemano no porque no le apetezca, puede estar deseándolo con fervor, sino por la emoción aterradora y paralizante que surge del pasado. En el lenguaje coloquial tenemos una expresión que define de manera muy concreta está situación: Fulanito es una persona muy emocional. Es decir es una persona que reacciona frecuentemente de manera disonante con el momento presente. También existe la expresión Zutanita es una persona muy sentimental. En este caso lo que se define es una persona muy sensible que siente apasionadamente lo que esta sucediendo, aquí y ahora. Puede ser alegría, tristeza, compasión, placer, aburrimiento… pero no está condicionada por el pasado de una manera categórica.

Las emociones -es decir el pasado traumático- pueden ser revisadas, aceptadas y sentidas para lograr así vivir de una manera más plena y espontánea. Para vivir en el maravilloso momento presente. Cuando las emociones son muy dolorosas y están muy enraizadas en el comportamiento de la persona, debe existir acompañamiento psicoterapéutico o realizar meditaciones y encuentros guiados.