Felicidad

La felicidad no es euforia sin fin, ni alegría exultante, ni el sentimiento de ir ganando siempre, ni tampoco la consecución del placer perpetuo. Todos estos estados emocionales y sensoriales forman parte de la vida, es maravilloso poder sentirlos en toda su plenitud. Pero son transitorios, también existen los contrarios: la depresión, la tristeza, la perdida y el dolor. ¡Todo lo que sube baja! Claro, es muy seguro que preferimos los primeros a los segundos -exceptuando a los masoquistas- pero la existencia los trae a todos de serie ¡y no hay manera de evitarlos!

Con la aceptación de todo lo que nos depara la vida, nos guste o no nos guste, conseguimos paz interior. Huir permanentemente de la tristeza o del dolor acarrea tensión, miedo, sufrimiento y a la postre un colapso vital. El sufrimiento es el alargamiento del dolor no aceptado ni sentido en el tiempo.

La felicidad se parece a un estado inaprensible de paz o aceptación de uno mismo y del mundo, y a un Amor sin objeto hacia la Vida, traiga ésta lo que traiga. En definitiva un profundo sentimiento de pertenencia a algo infinitamente más grande que nosotros.

Taller De TANTRA 

Anuncios

¡¡¡Gracias!!!

Estupendo el Taller De TANTRA del sábado, personas entregadas, valientes, capaces de afrontar sus límites y sobre todo amorosas y divertidas ¡Gracias a todos me sentí muy feliz facilitando el encuentro!

Un abrazo tántrico

¡Lo importante!

Existen tantas opciones en el mundo que nos resulta casi imposible saber que es lo importante. Nos perdemos en distracciones y en emociones superficiales. Cada vez nos resulta más complicado fijar la atención. Hace diez años una persona con muy buen ojo me dijo: “eres como un globo llevado por el viento” ¡el tipo aquel sin conocerme de nada y a 7000 km de mi vida dio en el clavo! Me dejaba llevar por las modas, los impulsos, las opiniones ajenas… la vida así no es nada placentera. Afortunadamente aquel comentario me llegó hondo y comencé a dejar de volar por los aires emocionales ¡me costó tanto bajar a la tierra!

Requerimos de raíces sólidas donde poder arraigarnos. Con ellas podemos diferenciar claramente los deseos de las necesidades. Para entendernos, los deseos son requerimientos del ego, las necesidades lo son del alma. Si nos dejamos llevar por los deseos egóticos vivimos fuera de nosotros. Vamos por la vida corriendo como adolescentes eternos tras objetos, sensaciones o sentimientos tontorrones. Los deseos son como los alimentos que engordan mucho pero nutren poco. Ahora hay tal cantidad de estímulos, algunos a precios tan bajos, que necesitamos de grandes esfuerzos para sustraernos a ellos.

En una ocasión acudí al traumatólogo para solucionar definitivamente los problemas de mi pie derecho. Tras un esguince mal curado surgieron mucho otros, como consecuencia de ellos tengo los ligamentos elogandos. Yo quería operarme y olvidarme de los esguinces para siempre. El médico muy comprensivo entendió mi dolor pero me hizo una pregunta muy importante: ¿es para ti una necesidad vital hacer deporte regularmente? Mi respuesta fue que no. Entonces no pases por el quirofano, tiene sus riesgos ¡No me operé! Desde entonces tengo más cuidado y solo he vuelto a tener uno más, y eso que doy rienda suelta a mi cuerpo al bailar. ¿Se aprecia la diferencia entre la necesidad y el deseo?

Pongamos otro ejemplo:

Verano, tiempo de vacaciones, el deseo os impulsa a hacer un viaje a tierras exóticas.

“Todo el mundo lo hace, nosotros también” le dices a tu pareja.

“De acuerdo vamos, aunque no sé yo…” dice ella, poco entusiasmada.

Pasáis las de Caín con el jet lag, el calor, los mosquitos, las diarreas, el inglés… todo por un dineral. Las fotos de Facebook e Instagram salen al precio de un book profesional de una top-model. Quizás la necesidad sea pasar un tiempo en intimidad con tu pareja. Sin niños, sin nadie, haciendo el amor a casi todas horas, hablando, sacando lo “malo” llorando, sanando cosas, riendo, bailando, mirándose a los ojos… para esas grandes vacaciones es suficiente tu propia casa o la casa de tus abuelos en su pueblo. Bueno también es necesario abrir un “poquito” el corazón… para saber que es lo importante en tu vida.

¡Tantra!

Caras sonrientes, relajadas y felices tras el Taller De TANTRA de ayer. Gracias por vuestra entrega, vuestro amor y vuestra disposición a la felicidad ¡me encanta formar parte de esto! Como siempre digo la felicidad se siente no se piensa ¡y salta a la vista!

Abrazos tántricos

 

 

La felicidad no se piensa, se siente

Nos sorprende mucho no sentirnos felices con todo lo que tenemos. Es entonces cuando iniciamos inventario: tengo pareja, dos hijos, trabajo, una casa bonita, dos coches, un perro, dos amigos íntimos, interés por la vida… (cada uno hace inventario de lo que tiene) ¿por qué no me siento feliz? También puede ser al revés, haces inventario de lo que tienes para sentirte feliz: tengo pareja, dos hijos, trabajo, una casa bonita, dos coches, un perro, dos amigos íntimos, interés por la vida… ¿cómo no voy a sentirme feliz? En el primer caso hay al menos sinceridad y humildad, en el segundo mentira y soberbia, estás intentando manipularte a ti mismo mediante el pensamiento.

La felicidad no se piensa, se siente. Es más, la felicidad es una sensación, se percibe en el cuerpo. Es una sensación sutil, no es euforia, ni alegría, ni risas, ni tampoco el sentimiento de ir ganado siempre o de que todo vaya bien. La felicidad es entregarse a la vida, es confiar en la existencia más allá de nuestros deseos egóticos. Cuando esto sucede la mente se tranquiliza y el cuerpo se relaja profundamente. La felicidad tiene que ver con la Presencia, con acompañar a la vida en todo momento, suceda lo que suceda. Si evitas la tristeza o la ira o el conflicto o tu fuerza o tus instintos o tus miedos estás evitando la mitad de la existencia, estás creando tensión: huyes de la vida. La felicidad es una dicha inasible, impensable, corporal, sutil, poética, humilde, sencilla… es el estado natural del Ser, Amor puro Amor.

¡Baila con la vida!

¡¡¡Baila con la  vida!!! A tu manera y a tu ritmo, con tus manías y con tus tonterías, con tus dones y con tus virtudes… ¡Dalo todo de vez en cuando! ¡Entregate! Vacíaté… para luego llenarte otra vez. En ese vaciarse y llenarse está la plenitud. Ríete como una pandilla de adolescentes que acaban de terminar los exámenes. Llora desconsolado como plañideras en funeral cuando el dolor llame a tu puerta. Mueve tu cuerpo al son de la música como si estuvieras en el Templo de Baile. Ámate a ti mismo como nadie jamás te amará. Siente el frío de una ducha helada en pleno invierno. Suelta los frenos al sentir y date una sobredosis de oxitocina en el contacto físico con otros humanos: abrazos, besos, caricias… ¡mueve tus caderas sensualmente! Las miradas auténticas, sin juzgar ni aconsejar, a los ojos del otro, comunican Almas. Déjate llevar por tus sentimientos alguna vez hombre, y para de pensar en los pros y en los contras, en el beneficio y la pérdida. Y déjate llevar por tus instintos primarios mujer que ya saldrá el sol o la luna… o lo que tenga que salir. Huele las flores y la tierra y el mar y el pescado y a tu novia y a tu gato y a tu novio y a ti mismo como un regalo de la vida… sonríe que es gratis y enfadate bien enfadao cuando toque… Y tirate a la bartola (a la Bartola tambien y al Bartolo) y pierde el tiempo que no siempre es oro… o trabaja como un chino por algo que te entusiasma… vaciarse, llenarse, espirar, inspirar, morir, vivir… ¡dance with life! Plenitud…

Lo Sensual y 2

El Tantra propone sensibilizar el cuerpo, por una razón muy clara: en ello nos va la buena vida. Si vivimos con tensión en todos nuestros músculos, estrés emocional y encadenados a los pensamientos nos insensibilizamos. Se crea un muro entre el cuerpo y el resto de la existencia ¡literalmente nos aislamos! Si nuestra vida está marcada por la dureza o el trauma, para poder percibir debemos tener experiencias cada vez más intensas, lo que conlleva a su vez volvernos más insensibles. Entonces es cuando acudimos a drogas, alcohol, sexo compulsivo, acciones con descarga adrenalinica y otras adiciones para saltar el muro, para intentar sentir algo. O nos volvemos apáticos y tristes. La indicación tántrica por tanto es ser sensibles y no intensos. Cuando somos intensos dejamos las sutilezas por el camino, el disfrute de lo pequeño y también de lo grande. Perdemos la escucha del mundo, de los demás. Perdemos la Presencia en una huida desesperada por sentirnos vivos, ¡cuando es precisamente la Presencia lo que nos hace vivir!

Ser sensible es ser sensual, es ser uno con la vida, fluir con ella. Lo sensual hace desaparecer el muro entre la Vida y tú. Te vuelves poroso a lo que acontece, disfrutas de cualquier cosa y en cualquier situación, incluso a veces te fundes con la existencia en un océano de paz, placer y amor: el éxtasis.

Toda la info sobre El Taller de Tantra pinchando aquí: Talleres