Lo Sensual 1

Lo sensual nos mantiene en contacto con la vida. Nos comunica con lo que tenemos a nuestro alrededor y con nuestro propio cuerpo. Vivimos demasiado en los pensamientos, razonamientos y juicios ¡Y eso es como vivir en la Luna! ¡De algunas partes de nuestro cuerpo sólo nos acordamos cuando nos duelen! El Tantra suguiere cultivar de una manera decidida lo sensual, sentir el cuerpo y todo lo que le rodea, más que acumular información sobre asuntos que están a miles de kilómetros y que a la postre son nocivos para nuestra vida o al menos insustanciales.

Lo que sí tiene sustancia es sentir el frío en la cara cuando salimos a la calle en invierno ¡toda una caricia! Y lo conseguimos sólo con estar un poco presentes y olvidarnos un rato del móvil. Percibir en nuestras manos el calor de la taza de nuestra infusión favorita con toda presencia… es un lujo que se complementa con el aroma… con el sabor… todo muy despacito… mientras respiramos a fondo y nos relajados. Bueno si estamos dándole vueltas como una lavadora centrifugado a una tontería que nos dijo un compañero de trabajo, nos la tragamos sentir casi nada. Los suaves rayos de sol del invierno, apreciar el alargamiento de los días, el olor de la hierba recién cortada andando descalzos sobre ella, mirar las estrellas, comer degustando delicadamente la comida, darse un baño de espuma o una ducha fría, una sonrisa de un desconocido o de una conocida, que también vale, sentir el calor o el frío de una mano al estrecharla, abrazos cálidos, besos bien dados, masajes por todo el cuerpo, bailar, caminar, hacer deporte… ¡Y mil cosas más! Para hacer todo esto no se necesitan alardes monetarios, ni técnicos, ni organizativos. Sólo una cosa: Presencia, con ella los actos más sencillos se vuelven maravillosos. Lo que el Tantra propone es sensibilizar nuestro cuerpo, nuestros sentidos, nuestra percepción…

continuará…

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Todo tiene un precio

El hombre no hacía más que removerse en su silla y hacer preguntas extrañas. Las respuestas no le satisfacían en absoluto. El maestro tántrico seguía impartiendo su charla con gusto y relajo. Hablaba sobre la aceptación de lo que nos sucede en la vida como principio de una buena existencia. El hombre se levantó nervioso y le interrumpió sin miramientos: “¿Entonces para ser feliz hay que ir a La India o a Cachemira o al Nepal a practicar meditaciones y cosas de esas?” El maestro le contesto que en realidad el único sitio donde debes ir es hacia ti mismo. Se sentó refunfuñando y quejándose del calor que había que soportar en la sala. Al cabo de dos minutos se volvió a incorporar haciendo mucho ruido con la silla y salió por la puerta tan rápido como volvió a entrar. “No me voy todavía” El maestro con parsimonia le pregunto que le preocupaba tanto.

-Tengo un problema muy gordo.

-¿Qué problema?

-Es que es muy grave.

-¿Lo puedes contar?

-Es un sinvivir… es mi mujer.

-¿Qué le pasa a tu mujer?

-¡Qué es muy guapa!

-¿Guapa?

-Guapísima.

-¿Guapísima?

-Guapísima no, lo siguiente.

-Entiendo.

-Los hombres se dan la vuelta cuando va por la calle. Al entrar en los bares los hombres se dan codazos entre ellos ¡Delante de mí! Los hombres le piden amistad en Facebook a cientos. En su trabajo todos los hombres van detrás de ella ¡No puedo más!

-¡Todo tiene un precio amigo!

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Éxtasis y 3

La relajación escribíamos en el post anterior es el estado desde el cual se llega al éxtasis. Por qué entonces la energía vital o el prana o la bio-electricidad circulan sin ningún obstáculo. La tensión es la gran barrera que impide el estado placentero, amoroso y de paz infinita que es el éxtasis. En la experiencia sexual tántrica la circulación de la energía se potencia a través de la respiración consciente y acompasada con la pareja. Se trata de unir la energía sexual y creativa de los genitales con el amor del corazón. Los movimientos, cuando sean necesarios, han de ser lentos, naturales, acompasados, sensuales, espontáneos… Se trata de dejarnos llevar por la energía, por el cuerpo, por las sensaciones… y no por lo que dicta nuestra mente, ni por la costumbre, ni por el objetivo de alcanzar el orgasmo. El sexo se siente no se piensa. La mecanicidad mata el sexo extático y el amor. El éxtasis se disfruta cuando la entrega a lo que está sucediendo es total, nada que hacer en concreto, sólo Ser…  los límites entre los amantes se difuminan… sólo hay que diluirse en el océano infinito de Placer, Amor y Paz…

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Éxtasis 2

El éxtasis decíamos en el anterior post es la disolución de los límites personales para convertirnos en Amor, Placer o Paz. El Tantra procura la aceptación del dolor y potencia el placer y la consecución del éxtasis, y fundamentalmente lo hace a través de la relajación y la circulación de la energía. Entendamos que la relajación no es pasividad ni abulia, es confianza hacia la vida y a hacia todo lo que nos trae, sea lo que sea. Estamos relajados cuando afrontamos y liberamos los sucesos dolorosos del pasado, nos quitamos una gran carga… ¡y eso relajaaaa muchooo! Y cuando entendemos que el futuro no se puede controlar ni conocer a ciencia cierta, ¡el futuro es un misterio! sino lo fuera sería muy aburrido vivir. La aceptación del dolor y de lo desagradable como parte intrínseca de la existencia también nos tranquiliza, simplemente dejamos de huir y dejamos de estar ansiosos. Cuando aceptamos nuestro cuerpo, lo habitamos y lo cuidamos, sin obsesiones, se calma y nos lo agradece en forma de placer y gusto por la vida. Una vez relajados física y mentalmente nos instalamos en la presencia… en la puerta del éxtasis…

Continuará…

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Éxtasis 1

¿Qué es el éxtasis? Es para empezar un misterio. Y los misterios se dejan explicar mal, pero voy a intentarlo. La RAE dice lo siguiente sobre el éxtasis:

1. m. Estado placentero de exaltación emocional y admirativa.

2. m. Rel. Estado del alma carecterizado por cierta unión mística con Dios mediante la contemplación el amor, y la suspensión de los sentidos.

3. m. Droga sintética que produce efectos alucinógenos y afrodisíacos.

La tercera acepción la abandonamos por tóxica y adictiva. El académico que ocupó el sillón de la letra E y que redactó la definición no iba muy desencaminado aunque le faltó añadir algunas formas de conseguirlo. Lo que no sabemos es si experimentó alguno o lo que escribió fue de oídas.

El éxtasis es una modificación de nuestro estado de consciencia habitual en el que los límites personales se diluyen, eso que se a dado en llamar el ego. Es una sensación oceánica, en la que “tu” eres el océano, no que estés dentro de un océano. Pongo el “tu” entre comillas porque desapareces. Ese océano en que te conviertes es de Amor o de Placer o de Paz o de las tres cosas juntas. Utilizo las mayúsculas por qué las sensaciones las merecen. Es inenarrable, inasible, increíble… místico… Es la Unión con lo Divino.

No debe confundirse con la alegría exultante de movimientos compulsivos y gritos huracanados. Eso es otra cosa mariposa. El éxtasis se produce en un estado mental de relajación profunda. Sí es cierto que existen algunos procedimientos agresivos como girar sobre uno mismo, realizar respiraciones espasmódicas, bailar, ayunar, etc. para lograr éxtasis. En realidad esos actos no producen lo extático sino el cansancio mental y físico que algunas personas necesitan para alcanzar dicho estado. El éxtasis no es un frenesí violento, neurótico y desgarrador es una Paz que supera cualquier entendimiento. Es una vuelta, y al ser una experiencia es por un tiempo, al Origen, al Uno.

La contemplación de una obra de arte pictórica o arquitectónica, la lectura apasionada de un poema, la escucha ensimismada de la música, la visión de la naturaleza salvaje, la realización de algún acto que nos entusiasme, la cercanía de un ser querido pueden provocar éxtasis espontáneos, te quedas sin palabras ante la maravilla que es la vida… con la boca abierta como la chica de la foto y se te cae la baba… de ahí viene el dicho.

En el próximo post hablaré sobre el éxtasis tántrico, pero eso mañana ¡ciao!

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Amor propio

El Amor hacia uno mismo es la clave de la vida. Cuando digo esto algunas personas creen que estoy exaltando el egoísmo. Consideran que quererse mucho es sinónimo de creerse el mejor, de acapararlo todo para uno mismo, de sentirse el centro del universo, de convertirse en un egocéntrico vamos. En realidad el amor propio termina en humildad. Nos amamos cuando amamos todo lo que nos pertenece, nuestros dones, nuestras virtudes, nuestro cuerpo, nuestros gustos… pero debemos incluir también en el lote nuestros condicionamientos, manías, ridiculeces, traumas, miedos, rencores, tonterías y demás “defectos”. Amar incondicionalmente nuestra parte oculta, oscura y dolorosa, la famosa sombra mentada por Jung. Amar nuestra sombra no significa necesariamente que nos guste o que no la intentemos cambiar, amarla significa mirarla, darle presencia, abrazarla, iluminarla… afirmar que existe. Cuando somos capaces de esto, estamos siendo compasivos con nosotros mismos, y a nuestra existencia acude la paz, la tranquilidad y la felicidad. Nos volvemos humildes por qué entendemos que la sombra de los demás ¡es tan parecida a la nuestra! Compartir se vuelve entonces algo hermoso y mágico…

Os deseo a todos muchísimo Amor propio para el 2018, un abrazo tántrico,

KiKe

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¡La vida mancha!

¡Sí la vida mancha! Por mucho que queramos vivir en la certeza y en eso que se ha dado en llamar la zona de confort, nuestro anhelo más profundo es vivir con intensidad y pasión, y para eso nos tenemos que manchar. Nos tenemos que equivocar, hacer el ridículo, caernos en el barro y dejarnos jirones de piel por el camino. Sino la existencia se convierte en una sala aséptica y funcional de un hospital. No hay recetas infalibles para lograr la felicidad y la vida plena. Bueno existe una: ¡vivir! Experimentar la vida en toda sus facetas sin negar el dolor, el aburrimiento, la ira, la melancolía o el fracaso. Experiencias vitales fundamentales para madurar y expandir nuestra existencia. El Tantra invita a sentir todas esas cosas “negativas” con presencia, para no dejarnos avasallar por ellas ni hacer demasiado daño a alguien.

Si por ejemplo negamos la ira, tapándola con afables maneras y “bueno no pasa nada me están tocando las narices pero me aguanto” en algún momento saldrá de una forma virulenta y causará destrozo. Lo saludable es reconocerla y sentirla, y mejor aún, experimentarla frente a un saco de boxeo o bailando alocadamente, que sacarla contra nuestros seres queridos. O quizás sea absolutamente necesaria utilizarla contra alguien que traspasa continuamente nuestros limites, pero con presencia.

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