Pereza

La pereza es una forma de miedo. Me refiero a vivir instalado en la pereza, no a levantarse tarde un domingo después de una intensa semana de trabajo y una juerga sabatina. La pereza mental, emocional, física, sensorial es en definitiva miedo a no merecer. Como considero consciente o inconscientemente que no soy digno de experimentar la vida en toda su plenitud me vuelvo perezoso. Pero en realidad lo que ocurre es que tengo miedo a enfrentarme a esa prohibición de no experimentar la vida.

  • “Me han invitado a una fiesta pero que pereza me da ir, no voy” En el fondo estás deseando acudir, sino vas es porque crees que no mereces pasártelo bien y te da miedo enfrentarte a esa creencia.
  • “Que pereza meterme en el mar con el agua tan fría y disfrutar de un baño estupendo que activará mi circulación sanguínea y me dejará super relajado.” En realidad es: No merezco sentirme a gusto.
  • “Que pereza pensar en lo que me está diciendo este tipo sobre la pereza” No merezco pensar de otra manera.
  • “Con lo bien que estoy sin pareja que pereza me da abrirme emocionalmente” No merezco intimar.

Resumiendo: La pereza es no querer enfrentarse a la creencia de que no merezco experimentar la vida, o dicho de otro modo: miedo a experimentar.

Cuando uno comprende que tiene derecho a disfrutar de su existencia se levanta del sofá y se hace amigo del miedo.

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Naturalidad

La naturalidad es espontaneidad en el trato y en el modo de proceder. Ser naturales y espontáneos conlleva dar respuestas orgánicas, más sentidas que pensadas. Es vivir más en nuestra energía que en nuestra mente. Es interactuar desde la inmediatez (que no desde la prisa) la fluidez y la entrega. Pero se han convirtiendo en un lujo asiático al ser manifestadas en tan contadas ocasiones. Al preguntarme las causas de tanta artificialidad en nuestras vidas me salen las siguientes ¿qué pensáis vosotros?

  • Por miedo a equivocarme y meter la pata.
  • Por interés: calculando ganancias y pérdidas.
  • Por aparentar ser quien no soy.
  • Por miedo al ridículo.
  • Por miedo a ser juzgado.
  • Para evitar que me vean como realmente soy.
  • Para evitar intimar y sentirme vulnerable.
  • Por falta de autoestima.
  • Por querer gustar a todo el mundo.
  • Para parecerme a mis perfiles de Twitter, Facebook o Instagram.

Pero vivir siempre en la artificialidad es un muermo horripilante. Hacemos muchas cosas para salir de ella, para ser por un ratito espontáneos y naturales: beber alcohol, tomar drogas, medicamentos, realizar actividades con mucha descarga de adrenalina. Ocultarnos en el anonimato de Internet, tener contactos con muy pocas personas y muy parecidas a nosotros, hablar frente al espejo…

Si afinamos un poco más nuestro análisis, podemos concluir que la falta de naturalidad y espontaneidad es en el fondo miedo a la soledad. ¡Sí! miedo a ser único, miedo a ser individuo, miedo a ser yo mismo ¡sólo hay uno como yo! miedo a salirme de lo mayoritario aunque no resuene conmigo. Honrar mi Verdad requiere valor y coraje.

¿Vale la pena tal esfuerzo?

 

 

 

Zona de confort

Lo que se ha dado en llamar la zona de confort antes se nombraba con otras palabras: ni fu ni fa, ni frío ni calor, así así (acompañado de un movimiento de mano) sin pena ni gloria, regulín regular… La zona de confort es un sitio emocional, mental o físico donde nos sentimos seguros, donde los riesgos son escasos o nulos pero la vida es aburrida y previsible. En verdad no es una zona tan confortable como parece, la huida constante de ciertos aspectos de nuestra existencia no es ciertamente un manera agradable de vivir. Para que la vida resulte estimulante debemos tomar riesgos, debemos asumir que la inseguridad forma parte de nuestro existir. El miedo al fracaso, el miedo a no saber, el miedo a no ser suficientes y el miedo a que nos hieran son los motivos principales de vivir instalados en el ni fu ni fa.

Reconocer que no sabemos hacer algo, asumir el fracaso o abrir las heridas emocionales requiere de una autoestima mínima para que no caer en la desesperación. Como siempre digo el Amor hacia uno mismo es el cimiento principal de una existencia feliz. El Amor propio se incrementa de una forma sencilla: amando tus dones y tus problemas, tus virtudes y tus vicios, tus luces y tus sombras. La autoestima crece como crece todo en la vida: ¡arriesgando! Al atrevernos a salir de la zona de confort ya incrementamos un poco nuestro Amor propio, y al incrementar nuestro Amor propio nos atrevemos un poquito más a salir a la corriente de la vida. Como decía mi abuela: la seguridad sólo existe en el Campo Santo.

 

¡Vivir mucho!

¡Estoy vivo y me siento vivo! Cuando esté en una silla de ruedas en el jardín de la residencia de ancianos quiero tener una sonrisa resplandeciente de ear a ear. Por haber Hecho el Amor con mi pareja hasta la extenuación. Lo pongo en mayúsculas porque son tan preciosas las palabras como el hecho en sí ¡Faire l’ Amour! Y no es fácil Hacer mucho el Amor existen muchas distracciones y muchos miedos que lo impiden. Eso también: Quiero afrontar mis miedos con todas sus consecuencias, me dará mucha pena cuando me tengan que bañar en la residencia, por no poder hacerlo sólo, no haber Honrado mi Verdad por miedo al ridículo o por miedo a romper las reglas familiares o por miedo a salirme del mainstream o por miedo a equivocarme o por miedo a enfrentarme a mis traumas. Cuando tenga que comer sin sal y sin grasas y sin lactosa y sin gluten… sin chicha ni limoná vamos, imaginaré que estoy comiendo las ricas viandas que degusté rodeado de personas atrevidas y gustosas que no sólo ingerían tofu y brócoli, de vez en cuando se arriesgaban con el jamón serrano. Recordaré cuando me duelan a rabiar las rodillas lo mucho que bailé y lo mucho que disfruté en los ecstatic dance y en otros templos del baile. Y será estupendo remenorar como hice todo lo posible por compartir el Amor que en ocasiones me desborda el Alma con todo aquel que quiso hacerlo. También será maravilloso poder dar la mano a una anciana con la que logré abrir mi cuore de par en par y contemplar el suyo en carne viva. Y será divertido aventurar como es el Último Viaje o la Muerte o Estirar la Pata. Me siento bien contemplando como el mundo cambia y como cambio yo con él. Cuando tenga 90 años, dentro de 40, todo será tan distinto que ni me lo imagino, quizá no entienda algunas cosas, sólo espero seguir teniendo la mirada de aquel niño que aseguraba que el mundo lo hizo Dios para que jugara todo lo que quisiera.

Desborde emocional

Situándonos en nuestra zona de confort: tumbados en el sofá con la mantita de cuadros, tomando a sorbos nuestra infusión preferida y viendo una temporada entera de una serie estupenda. Podemos imaginar también una zona de confort más ruidosa y movida: la rutina diaria con nuestros hijos, o el trabajo y las clases de yoga, o una relación de pareja muy establecida y un tanto aburrida, o los amigos de siempre con la conversación de siempre… y de repente viene una ola emocional que se lleva todo por delante.

La metáfora perfecta sería meterse en el mar tras pasar un año sin hacerlo. El agua está brava, dejas de hacer pie, ves venir a lo lejos una ola impetuosa, intentas nadar, intentas huir… pero por mucho que te esfuerces te pone patas arriba. No sabes donde estás, la superficie del agua no aparece por ningún lado… sí, sí parece que la claridad es hacia arriba, te das la vuelta y de repente otra ola salvaje te sacude todo el cuerpo, te falta el aire, la superficie vuelve a desaparecer, entras en pánico y crees que vas a morir… con el desborde emocional ocurre algo muy parecido.

La muerte repentina de una persona cercana o una enfermedad grave, el despido de un trabajo o la quiebra de una empresa propia, un divorcio o el enésimo desencuentro sentimental pueden provocar emociones muy fuertes. Pero también situaciones agradables suelen desbordarnos emocionalmente: el anuncio de un embarazo, el nacimiento de un bebé, cambiar de lugar de residencia a otra ciudad o a otro país, materializar el proyecto de nuestros sueños,  enamorarse, la intimidad, el sexo…

Cuando vivimos algunos de éstos momentos se pueden abrir muchos frentes emocionales: la herida de abandono, el miedo al fracaso, el miedo a no ser suficiente, heridas sexuales, la baja autoestima, rabia o tristeza acumuladas durante años, el miedo a no saber… si en el mar una ola nos sumerge enteros saber nadar nos ayuda a salir de ella. Debemos aprender a nadar emocionalmente antes de que las situaciones nos desborden por completo. Salir de nuestra zona de confort para sanar nuestra herida de abandono, nuestro rechazo a la intimidad o nuestro miedo al sexo, es como aprender a nadar antes de meternos en el mar.

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¿Espiritualidad o evasión?

La espiritualidad como todo en la vida tiene sus riesgos. Uno de ellos es utilizarla para evadirse. Para no sentir lo que no nos gusta y lo que nos da miedo. Y lo malo es que es una justificación estupenda. Enseguida nos enganchamos a lo “bueno” de lo espiritual: sentir el amor, los abrazos, la conexión con personas afines, los subidones energéticos, el placer, lo esotérico… ¡y es maravilloso sentir todo esto! Pero todas estas experiencias tienen fin… ¡se acaban aunque no queramos! “La vida es asiii… no laaa he inventadooo yoooo” como dice la canción. Entonces olvidamos que el fin último de la espiritualidad es la aceptación de la vida tal y como es: ¡cambio constante! La existencia tiene sus placeres y sus dolores, sus risas y sus llantos, sus subidas y sus bajadas… intentar fluir, intentar no apegarse a lo “bueno” y acometer lo “malo” nos da la buena vida, nos da el Amor. Cuando afrontamos plenamente el miedo, crecemos como personas. Cuando nos entregamos sin tregua al dolor de una pérdida, haciendo el duelo, resurgimos renovados. Al poner limites fuertes a los abusadores acrecentamos nuestra autoestima. Si aprendemos a disfrutar de la soledad no vamos donde no nos conviene. Experimentar todo ¡TODO! lo que la vida nos ofrece es el gran secreto espiritual. Lo demás son cuentos chinos.

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Sensibilidad

La sensibilidad es la puerta a una vida plena. Entonces… ¿por qué nos cuesta tanto ser sensibles? Porque la sensibilidad no tiene filtros, ni corazas, ni ideales, ni juicios, ni medias tintas… la sensibilidad es vivir lo que está sucediendo sin salirse por la tangente, y eso da miedo. La sensibilidad es como un tubo limpio y despejado por el que entra de todo: lo agradable, bello, sublime y placentero y también lo desagradable, feo, vulgar y doloroso. Sino queremos o no podemos sentir todo lo que nos toca en cada momento se bloquea el tubo, es decir nos volvemos insensibles, pagamos un precio muy alto por ello: vivir a medias.

Pero como el deseo de vida permanece latente actuamos de dos maneras o convirtiéndonos en melancólicos y apáticos para no sufrir demasiado o en intensos. Nos apuntamos entonces a las conversaciones de tono de voz elevado y donde ganar es lo esencial o a tirarnos en paracaídas a pesar del vértigo. Tomamos sustancias psicoactivas como si fueran aspirinas, practicamos sexo embrutecido, nos machacamos el cuerpo con deportes extenuantes para intentar que nos suban las endorfinas y las dopaminas y las serotoninas y las demás -inas, para lograr así poder sentir algo. Entramos en un círculo vicioso, cuanto más intensas son las experiencias más insensibles nos volvemos. Podemos romper ese circulo poniendo nuestra presencia en desatascar el tubo, en ser cada día un poco más sensibles, en vez de aumentar constantemente la intensidad de las experiencias. Únicamente se necesita un poco de valor y un poco de coraje… bueno y una gran provisión de pañuelos de papel.

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Amor

El Amor es un regalo de la existencia envuelto en “papel miedo” ¡Hay que atreverse a desenvolverlo! El Amor es lo que une lo diferente, incluso lo contrario. Con el Amor se pinta la existencia ¡mezclando los colores! Mezclando las vidas, las galaxias, las ideas, las células, el fuego, los sentimientos, el agua, las energías… ¡todo! Entre Amor y Amor hay huequecitos de miedo para que sientas un ratito el vértigo de vivir. El Amor es como un unguento mágico que todo lo sostiene. Como esa historia de la India que cuenta que la Tierra se sostiene en cuatro elefantes y una tortuga gigante que nada por un océano infinito. El Amor son los cuatro elefantes y la tortuga y el océano y tú, yo… y hasta Donald Trump. El Amor es lo contrario del miedo. Pero incluso cuando sientes miedo el Amor está contigo, un poquito escondido jugando a dejarte solo, jugando a experimentar la vida en todos sus matices. La mente no puede comprender el Amor como el pez no comprende el mar por donde transita. Quizá tampoco haga demasiada falta, viajamos todos por el océano del Amor llevados por corrientes cambiantes que sabe Dios donde nos llevarán… incluso algunos dicen que no hay nadie a quien llevar ni lugar a donde ir…

¡Feliz Navidad Amor!

KiKe

Amor y miedo

Lo contrario del Amor es el miedo. No es el odio, odiar es simplemente animadversión hacia algo o hacia alguien. Amas al confiar en la vida, cuando te sientes integrado en ella. Sientes miedo cuando desconfías de la existencia, al vivirte aislado de cuanto te rodea. Por tanto Amar es afrontar la desconfianza hacia la vida, hacia los otros y hacia lo desconocido.

Amar es un estado permanente del Alma no un sentimiento pasajero hacia alguien o hacia algo. El Amor te lleva a la espontaneidad, a la naturalidad y a la aceptación de lo que sucede. Expresado de otro modo te conduce a la felicidad o a la paz interior. La felicidad entendida no como un estado de euforia, ni de alegría constate, ni de sensación de triunfo permanente. La felicidad es una relajada aceptación de Lo Que Es. Es entregarse al misterio de la existencia. Para Amar, con mayúscula, necesitas dos ingredientes: un poco de valor y una pizca de coraje.

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Crisis sexual y 3 (El remedio)

El remedio a la falta de calidad en el sexo y su escasa práctica pasa por volver al cuerpo. Refinar nuestros sentidos, relajar nuestros músculos, abrir el corazón al amor y permitir que la energía vital circule sin fin. Salirnos de la mente, del morbo, el sexo no se piensa se siente. Bueno quizá el morbo pueda ser como un aperitivo, como la guinda de un pastel, pero lo bueno es disfrutar del pastel entero. El sexo placentero, sensual, amoroso, que genera éxtasis -el éxtasis es sobrepasar nuestro yo pequeñito para convertirnos en un oceano de Paz, Amor y Placer- se consigue cultivando la intimidad con nuestra pareja. Mirándonos a los ojos, compartiendo nuestros gustos, siendo vulnerables a lo que ocurre en cada encuentro sexual, todos son diferentes. Sentirnos en cada roce de la piel, en cada beso, en cada abrazo, en cada gemido. Sin dejarnos llevar por una excitación apresurada que genera ansiedad por lograr el orgasmo. El sexo gozoso no produce estrés ni cansancio al contrario genera pura relajación, puro deleite, quedándose uno con la boca abierta ante la inconmensurable energía que fluye por todo nuestro cuerpo, no sólo por los genitales. Inundándonos de placer, paz, amor y de una mágica conexión con nuestra pareja… hasta tal punto que ya no hay límites entre ambos…

El sexo tántrico se basa en la circulación de la energía entre los amantes. Para que esa energía circule en bucle y no sea expulsada del cuerpo es necesario estar presentes en el acto sexual. Con la presencia evitamos dejarnos llevar por la excitación, la tensión y el aumento de los ritmos respiratorio y cardíaco que conducirán inevitablemente a una catarsis, al orgasmo, y a la salida de la energía vital y gozosa del cuerpo. No se trata de reprimir ninguna de esas situaciones de manera frontal sino de sentirlas y dejarlas pasar sin engancharnos a ellas. El Tantra deja al cuerpo hacer el amor, y nunca mejor utilizada la expresión, de una manera natural y espontánea. Con la presencia lo que intentamos conseguir es desprogramar los automatismos sexuales que culturalmente nos han inculcado y que nos restan creatividad, sensualidad, placer, amor y conexión con lo Divino.