Sexo tántrico: una metáfora culinaria

He escrito varios artículos sobre las diferencias fundamentales entre el sexo tántrico y el sexo convencional. En esta ocasión lo haré a través de una metáfora: dos parejas acuden, por separado, a un restaurante estupendo situado en un ático, para celebrar sus respectivos aniversarios. Como reservaron con antelación les han dispuesto en el mejor sitio de la sala, junto a una cristalera inmensa con vistas al exterior.

Ambas parejas llegan un poco tarde, el tráfico está fatal. Los tántricos, en cuando entran al restaurante, se olvidan de los problemas de aparcamiento. Se dejan seducir por la encantadora sonrisa de la camarera que les atenderá durante la cena, por el ambiente acogedor y cálido del restaurante y por la increíble visión de la ciudad iluminada por la Navidad. Cuelgan sus abrigos en el perchero del recibidor y apagan sus móviles.

Los convencionales tienen un pequeño enganche: sobre la impuntualidad de ella y sobre la obsesión de ir en coche a todos los sitios de él. No se percatan de la belleza de su ciudad hasta pasados 10 minutos de estar sentados, no se han atrevido a apagar los móviles, están un poco tensos.

La pareja tántrica ha decidido probar los platos de la carta más atrevidos, tras atender las explicaciones de la simpática camarera sobre los ingredientes, se deleitan intentando sentir los diferentes sabores y compartiendo entre ambos lo que ha pedido cada uno, mediante un bocado perfecto. Un bocado perfecto es tomar con un tenedor o una cuchara una pizca de todos los ingredientes de un plato y delicadamente introducirlos en la boca de tu pareja, mientras está cierra los ojos y ronronea ligeramente. El beso es opcional aunque recomendable. (Aclaración importante: el bocado se hace pluscuanperfecto si se sirve con los dedos).

La pareja convencional tiene un pequeño problema a la hora de elegir las viandas. Ella quiere probar cosas nuevas, pero tiene muchos reparos sobre algunos ingredientes que no saben si le van a gustar, y no hace mas que preguntar a la camarera sobre esto y sobre lo otro. El lo tiene claro: “donde esté un buen chuletón que se quiten éstas pijadas”. Elige lo que más se parece a algo ya conocido y piensa que se va a quedar con un hambre del demonio, está deseando que lleguen los postres ¡que tienen una pinta! La conversación versa sobre el mal ambiente que hay en el trabajo de él y sobre el daño que le están haciendo a ella los zapatos de tacón de aguja, que nunca se pone. Ambos coinciden, tras comerse sus platos, en un recuerdo difuso: “no estaba tan mal, estaba rica la comida”.

A la camarera le están entrado lo siete males, se está dando cuenta de que su novio y ella se parecen más a quienes no se miran casi a los ojos, que a los otros dos tortolitos que no paran de darse besos y reírse todo el rato. Siente envidia admirativa hacia ellos, y eso que ha tenido que desarmar su mesa, pidieron sentarse uno junto al otro ¡se sentían tan lejos frente a frente! Cuando observa que la mujer tántrica se ha quitado los zapatos de tacón de aguja, que tampoco se pone nunca y que también le aprietan, y que ha metido su dedo gordo del pie izquierdo en el calcetín del pie derecho del hombre tántrico, mientras relajadamente siguen deleitándose con los postres, que decide invitarles a una golosina que lleva por nombre “Amour Fou”

Mientras el hombre convencional ha salido a la terraza a fumar, disimuladamente ha cogido el móvil para ver cómo va el fútbol, encima pierde su equipo. Su pareja también ha sacado el móvil y sin ningún disimulo está haciendo fotos a los platos y al restaurante pa subirlos al Face y al Insta y presumir de lo bien que se lo pasa. Se han comido los postres con tal ansia que ha sido un visto y no visto, no les dio tiempo a disfrutarlos, se les sigue notando tensos.

Llega la hora de los regalos, son estos: un smartphone de última generación, un viaje a Sicilia, un smartwatch de última generación y un curso de parapente. Fácil saber a quien le corresponde cada regalo y quien lo hace ¿verdad?

¡Bueno me voy que me está entrando un hambre! ¡Jajaja!

Ciao, ciao.

Taller De TANTRA para Todos 

Taller De TANTRA para Parejas 

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Sensibilidad e intensidad

Intentar ser fuertes siempre y considerar que podemos con todo es agotador. Nos puede producir un deterioro físico y emocional importante. La intensidad constante es una huida. Es fácil de explicar, cuando nos enganchamos a lo intenso huimos de la fragilidad, de la delicadeza, de la sensibilidad y de la humildad. Salimos corriendo de la intimidad con nosotros mismos y con los demás. Creemos que sí dejamos de ser fuertes el mundo se caerá, solo es una justificación para no afrontar nuestras necesidades más sutiles.

La intensidad permanente genera tensión corporal, incapacidad emocional y dureza mental, dicho en una palabra: ESTRÉS. Cuanto más estresados estamos mayor es el deseo de intensidad para poder sentir algo, entramos en un círculo vicioso muy perturbador, que siempre rompe por algún lado.

El cultivo de la sensibilidad es fundamental para tener una vida equilibrada. Entregarnos a las sensaciones y a los sentimientos más tiernos requiere una pizca de humildad: No puedo con todo, no lo sé todo, acepto mis carencias y mis miedos, soy también frágil y delicado, y tengo derecho a llorar y a pedir ayuda y a derrumbarme.

Para disfrutar de los placeres más estupendos que la vida nos ofrece, entre ellos el éxtasis, es necesario relajarse, ser sensibles, ingenuos, juguetones. Tener el cuerpo y la mente disponibles al misterio y al no-control, en definitiva no huir de la fragilidad cristalina que nos hace Uno con la Vida.

La belleza nos saca de la mente

La belleza es una experiencia sensorial, corporal, física… que nos procura vivencias espirituales. Nos saca por un tiempo del yo pequeñito que creemos ser, nos aparta de la mente pensante y acaparadora. Entra por los sentidos: un delicado aroma a tierra mojada, para por un instante la conversación interna, llenando nuestros plumones de puro placer. La música, una voz humana cálida, profunda, sostenida, un susurro, un llanto, el trino de un pájaro… nos maravillan, nos llenan el corazón de Amor. Lo sorpresivo del sentido del gusto puede dejarnos boquiabiertos ante un suculento plato de macarrones con tomate. El tacto nos transporta directamente al éxtasis, por la unión física, amorosa y presente con otros seres humanos. Los ojos nos iluminan ante la hermosura de los hombres y las mujeres que pueblan nuestras vidas. Ante una montaña, un cuadro, una casa o unos ojitos casi cerrados de un bebito. La belleza nos aparta del juicio, nos conmueve, nos sana, nos recuerda quienes somos. Y si, sobre la belleza también se puede pensar, pero ya es otra cosa…

El remedio

El remedio a la falta de calidad en el sexo y su escasa práctica pasa por volver al cuerpo. Refinar nuestros sentidos, relajar nuestros músculos, abrir el corazón al amor y permitir que la energía vital circule sin fin. Salirnos de la mente, del morbo, el sexo no se piensa se siente. Bueno quizá el morbo pueda ser como un aperitivo, como la guinda de un pastel, pero lo bueno es disfrutar del pastel entero. El sexo placentero, sensual, amoroso, que genera éxtasis -el éxtasis es sobrepasar nuestro yo pequeñito para convertirnos en un oceano de Paz, Amor y Placer- se consigue cultivando la intimidad con nuestra pareja. Mirándonos a los ojos, compartiendo nuestros gustos, siendo vulnerables a lo que ocurre en cada encuentro sexual, todos son diferentes. Sentirnos en cada roce de la piel, en cada beso, en cada abrazo, en cada gemido. Sin dejarnos llevar por una excitación apresurada que genera ansiedad por lograr el orgasmo. El sexo gozoso no produce estrés ni cansancio al contrario genera pura relajación, puro deleite, quedándose uno con la boca abierta ante la inconmensurable energía que fluye por todo nuestro cuerpo, no sólo por los genitales. Inundándonos de placer, paz, amor y de una mágica conexión con nuestra pareja… hasta tal punto que ya no hay límites entre ambos…

El sexo tántrico se basa en la circulación de la energía entre los amantes. Para que esa energía circule en bucle y no sea expulsada del cuerpo es necesario estar presentes en el acto sexual. Con la presencia evitamos dejarnos llevar por la excitación, la tensión y el aumento de los ritmos respiratorio y cardíaco que conducirán inevitablemente a una catarsis, al orgasmo, y a la salida de la energía vital y gozosa del cuerpo. No se trata de reprimir ninguna de esas situaciones de manera frontal sino de sentirlas y dejarlas pasar sin engancharnos a ellas. El Tantra deja al cuerpo hacer el amor, y nunca mejor utilizada la expresión, de una manera natural y espontánea. Con la presencia lo que intentamos conseguir es desprogramar los automatismos sexuales que culturalmente nos han inculcado y que nos restan creatividad, sensualidad, placer, amor y conexión con lo Divino.

Taller De TANTRA

Piel con Piel

La piel es el mayor órgano de nuestro cuerpo. Sirve como barrera protectora y como fuente de disfrute. La piel está inundada de terminaciones nerviosas que correctamente estimuladas nos procuran sanación, amor, placer o éxtasis. A pesar de ser latinos nos tocamos poco y en ocasiones mal, aún existen muchos tabúes al respecto ¡no quiero imaginar como lo hacen Japón o en Escandinavia!

Al tocar nuestros cuerpos existen dos energías diferentes: la energía sensual y la energía sexual. Saber diferenciarlas nos hará disfrutar plenamente de la piel y del cuerpo.

  • La energía sensual tiene la cualidad de ser abierta, acogedora, libre, la sensualidad nos mece, nos acaricia, nos relaja.
  • La energía sexual tiene la cualidad de ser concreta, potente, enfocada, la sexualidad nos toma, nos impulsa, nos activa.

La energía sexual se da entre adultos y su finalidad es tener una intimidad muy concreta: sexo. La energía sensual tiene una finalidad diferente: disfrutar de la piel y del resto del cuerpo sin que haya sexo por medio. La sensualidad puede darse entre hombres heterosexuales y mujeres también, aunque es más fácil que surja entre ellas. O entre personas de diferente género sin ninguna intención sexual. Bailar, abrazar, besar, dar masajes, acariciar, son actos sensuales. No estamos acostumbrados a ver que dos amigos, ambos heterosexuales, se acarician por miedo a meter el sexo por medio. En algunas culturas diferentes a la nuestra, los amigos, hombres, se pasean por las calles cogidos de la mano, es por tanto un asunto de costumbres.

Puede que en determinadas circunstancias la energía sensual cambie hacia una energía más sexual, pero sabiendo las diferencias podemos establecer límites claros y disfrutar de ambas cuando corresponda. No hace mucho tiempo que la desnudez era un gran tabú, ahora las playas y otros lugares están repletos de personas que muestran sus cuerpos con naturalidad, esperemos que pronto ocurra con la sensualidad.

Sanación sexual 2

Decíamos en el post anterior que al practicar sexo de forma convencional (excitación, búsqueda del orgasmo, fricción de los genitales, tensión corporal, fantasías y morbo) se nos olvida lo más importante: Ser espontáneos y naturales, dejar que nuestros cuerpos sean quienes hagan el amor y no nuestras mentes ¡El sexo se siente, no se piensa!

Tras años de práctica de sexo convencional, que en ocasiones puede ser muy placentero todo hay que decirlo, el cuerpo va perdiendo sensibilidad y es entonces cuando disminuye el interés por él o nos lanzamos a experiencias cada vez más intensas que hacen que perdamos más sensibilidad, entrando en un bucle sin fin.

La sanación sexual de las heridas producidas por agresiones, y sobre todo las secuelas ocasionadas por prácticas sexuales ejercidas desde la carencia de amor propio y la inconsciencia, y también la insensibilidad producida por el sexo convencional, pasan primero de todo por darnos cuenta de que las tenemos. Parece obvio, pero dado la casi nula educación sexual y la mercantilización del sexo no es tan fácil. Las referencias sexuales conscientes son escasas y minoritarias. Ser sinceros con nosotros mismos y admitir que nuestra vida sexual no es tan placentera como quisiéramos es el primer paso. Luego hay que añadir un poco de coraje para afrontar las emociones dolorosas y mucho, mucho cariño hacia nosotros mismos y hacia nuestras parejas.

El Tantra propone la sanación sexual a través de movilizar, expandir y mantener la energía sexual por nuestro cuerpo y la sensibilización de este. El movimiento de la energía sexual y creativa de los genitales va abriendo camino, deshaciendo los bloqueos tanto físicos, como energéticos y emocionales y liberando las heridas que deben ser acogidas y sentidas desde la Presencia y el Amor. La manera de movilizar la energía sexual va desde meditaciones en movimiento, en pareja, respiraciones profundas y acompasadas en solitario o en pareja, el mágico Circulo de la Luz, visualizaciones, masajes y por supuesto haciendo el amor de forma consciente. La sensibilización del cuerpo se basa, como siempre, en la presencia, en este caso corporal y en amarlo y cuidarlo. Los masajes, estiramientos, relajaciones, cariños, mimos, besos, susurros y abrazos ablandan el cuerpo, y este agradecido celebra las delicadezas que le ofrecemos en forma de placer.

A los hombres -en general, siempre hay excepciones- por nuestra musculatura y por muchos condicionamientos culturales impuestos nos cuesta más sensibilizarnos. Nos dicen: “los hombres son fuertes” cierto que debemos serlo pero también sensibles y eso nos lo recuerdan poco. A las mujeres por todo el pasado de abusos y de violencia y por ser receptoras de la energía sexual os cuesta, por lo general, más sentir las heridas emocionales que se alojan en los órganos sexuales. Una mujer puede ayudar a sensibilizar a un hombre desde su amor y su sensualidad, y un hombre puede contribuir a liberar las heridas de una mujer desde su presencia y su sexualidad, cuando le hace el amor de forma presente. Un pene consciente es un instrumento sanador de energías negativas y heridas sexuales. Una vez liberados los bloqueos y sensibilizado el cuerpo el Tantra sugiere unir la energía sexual y creativa de los genitales con el amor del corazón: es el éxtasis tántrico o la fusión con lo Divino.

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Sanación sexual 1

El sexo es un misterio maravilloso y como buen misterio no se deja dominar. Hay que entregarse a él para disfrutarlo plenamente. La cuestión estriba en si nos entregamos desde el Amor y la Presencia o desde la carencia de ambos: el miedo y la inconsciencia. Lo que buscamos en el sexo es contacto- energético y fisico- placer, cariño, ternura, relajación, amor, éxtasis, vitalidad, conexión con lo Divino… pero dependiendo desde dónde se practique podemos pasarlo estupendamente o hacernos daño.

Cuando existe un abuso sexual o una violación el daño causado es muy grande y evidente, la culpa es siempre de quien causa la agresión y debe ser castigado con dureza. Los efectos negativos sobre la persona agredida o violentada deben ser tratados debidamente desde el Amor, la compasión y la sanación e intentando con mucha delicadeza no victimizar, pues está carga directamente contra la autoestima.

En las relaciones sexuales consentidas y buscadas también podemos dañarnos, pero de una manera sutil y encubierta, un daño que se va acumulnado hasta saturar nuestro cuerpo. Cuando somos adolescentes y jóvenes, ahora parece que somos jóvenes hasta los cincuenta, en ocasiones practicamos sexo por razones que no cuadran mucho con la consecución del amor o el placer. Hacemos el amor de cualquier manera y con personas por las que no sentimos una especial conexión por miedo a no parecer atrevidos, por miedo a la soledad, para que nos quieran, para sacar la energía sexual de nuestros cuerpos cuando está nos desborda, para conseguir derechos sobre la otra persona -me acuesto contigo si haces lo que yo diga- para huir de problemas y situaciones conflictivas, sexo de pago, sexo por obligación… En definitiva que a veces la motivación para participar sexo es evitar enfrentarnos a nuestros miedos.

Y una vez en la cama, o en el coche, o en un probador de ropa o a la salida de una discoteca practicamos sexo de manera inconsciente. Claro si tenemos como referencias sexuales el porno, las pelis americanas, las canciones románticas, los consejos de las revistas femeninas, los sex-shops y el tupper-sex pues estamos apañados. Sucumbimos a prácticas sexuales en las que prima la tensión muscular, la fricción de lo genitales, la excitación compulsiva, el morbo, la búsqueda desesperada del orgasmo, las fantasías eróticas, los juguetitos… ¡y nos olvidamos de lo importante!

Continuará…

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