La plenitud no es un anuncio de Coca Cola ni un éxtasis místico

Era un miércoles cualquiera de hace muchos años. En el coche viajábamos mi novia de aquella época y yo. Ibamos a León desde Madrid, conducía ella, como siempre. Yo estuve mucho tiempo sin ponerme al volante por miedo a sufrir un accidente. Eran sobre las 10 de la mañana de un día lluvioso, frío y con fuerte viento racheado. Sobre nosotros unas nubes oscuras, gigantes y amenazadoras que filtraban una luz que hacia percibir la realidad casi en blanco y negro. Hablábamos de no recuerdo qué, junto a una música que tampoco me viene a la memoria.

Giré con lentitud la cabeza hacia la derecha mientras adelantábamos a una hormigonera, de repente sentí un Amor inconmensurable. Se puede decir que me enamoré locamente del camión, de las ruedas, del barro y del agua que de ellas se desprendian con tanto cariño. Increiblemente bellas las líneas eléctricas de alta tensión. Los inmensos campos plenos de charcos que el viento mecía delicado: sublimes. El sonido del limpiaparabrisas, candecioso, sutil, acogedor. El amor tinteneaba en el bendita agua de lluvia que acariciaba la carretera al caer. Las luces rojas de los intermitentes señalaban la ascensión al cielo. Mirar las nubes, más bien palparlas, una profunda experiencia extática. Giré la cabeza a la izquierda con los ojos llenos de lágrimas y el corazón abierto de par en par, buscando una explicación. Cuando nuestras miradas se unierón sentí que María no estaba sintiendo lo mismo que yo. En su expresión había algo de reproche, como diciendo que pasa ahora. No intenté explicarme, no me salió la voz ni gesto alguno. Silencio y Amor. Aparcamos el coche y tras un breve paseo por la ciudad decidimos visitar la Catedral. Eran las 12 del mediodia, un alma buena hacia Música Celestial con el órgano. Enseguida nos sentamos en el Centro del Sagrado Templo. Las vidrieras traslucian en technicolor una sensación diga de un Rompimiento de Gloria. Lágrimas y más lágrimas, no se encuentra KiKe, únicamente Amor, Puro Amor.

Aclaraciones: desayuné café con leche y dos porras en el bar de abajo de casa. No LSD, no MDMA, no 4:20, no Sol y Sombra. En otras ocasiones yo fui tan poco sutil con ella en estados similares. A la vuelta del viaje, ya por la noche -fui a trabajar, a retransmitir un partido de balonmano, ella me acompaño en su dia libre- aquel estado se evaporó y me enfadé, sin saber muy bien el motivo ¿o sí?

Me enfadé sí, con la vida, aquella experiencia tan exquisita había cesado, como para no cabrearse, quizá otra persona se hubiera puesto triste o melancólica, yo era muy enfadoso en aquella época. Por esta y otras experiencias me convertí en un buscador espiritual, es decir en un tipo que busca a Dios, fusionarse con lo Divino, abrazar la Fuente de la Vida, abandonarse al Absoluto.

Ser un buscador espiritual no es diferente a ser un “buscador terrenal” estos últimos buscan el placer en objetos (coches, casas, dinero, joyas, artilugios elétronicos) y en experiencias (sexo, poder, creación, reconocimiento, seguridad, viajes, deporte, arte). Es estupendo querer fusionarse con lo Divino, y poseer objetos y tener experiencias de todo tipo, es maravilloso poder disfrutar de la vida.  El problema viene cuando sólo queremos vvir en lo “bueno” huyendo despavoridos de lo “malo”.

X=Y

Siendo X la alegría, el placer, el amor, la unión con lo Divino, la salud, la diversión, la seguridad…

Siendo Y la tristeza, el dolor, el miedo, la separación con lo divino, la enfermedad, el aburrimiento, la inseguridad…

La ecuación es muy fácil de comprender: sin Y no hay X, sin X no hay Y

Desear vivir siempre en X huyendo de Y genera más dolor que él que se quiere evitar, genera sufrimiento. El sufrimiento es la oposición al dolor, es alargar el dolor en el tiempo.

A mi me ha costado mucho sufrimiento darme cuenta, torpe que es uno, que sentir esos estados de exquisitez espiritual de forma permanente, es como decidir, una mañana recién levantado tras un sueño volador, que no quiero vivir más bajos los efectos de la gravedad: imposible. Desear ser en una parte de la ecuación, en una parte de la dualidad, es como cavar hacia abajo para intentar salir de un pozo. La dualidad y la famosa no-dualidad forman ambas el Absoluto, lo Divino, querer quitarse para siempre la parte dolorosa “rompe” la contemplación del Absoluto. La dualidad y la no-dualidad se dan a la vez, siempre, al menos en este Universo donde nos a tocado existir.

La plenitud viene de sentir con presencia lo que nos toca en cada momento. Que todo sea siempre divertido o Divino es en el fondo aburrrido, superficial y neurótico -aún estaría sentado en la Catedral de León- cuando hemos superado obstáculos, dolores, pérdidas, vergüenzas, miedos y demas Y, los rememoramos con orgullo, con épica, nos han hecho madurar, crecer, ampliar nuestros límites existenciales ¡Nos han hecho VIVIR!

¡La plenitud no es un anuncio de Coca Cola ni un éxtasis místico!

Taller De TANTRA: Amar y Ser

 

 

 

 

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Sensibilidad

La sensibilidad es la puerta a una vida plena, a una existencia ¡vivida! Entonces ¿por qué nos cuesta tanto ser sensibles? Porque la sensibilidad no tiene filtros, ni corazas, ni ideales, ni juicios, ni medias tintas.

La sensibilidad es vivir lo que está sucediendo sin salirse por la tangente, y eso da miedo. Es como un tubo limpio y despejado por el que entra de todo: lo agradable, lo bello, lo sublime y lo placentero y también lo desagradable, lo feo, lo vulgar y lo doloroso. Sino queremos o no podemos sentir lo que nos toca en cada momento bloqueamos el tubo, es decir nos volvemos insensibles, pagamos un precio muy alto por ello: vivir a medias.

Pero como el deseo de vida permanece latente actuamos de dos maneras: nos convertimos en melancólicos y apáticos para no sufrir demasiado o en intensos. Nos apuntamos entonces a las conversaciones de tono de voz elevado y donde ganar es lo esencial o a tirarnos en paracaídas a pesar del vértigo. Tomamos sustancias psicoactivas (enteógenos, drogas, alcohol) como si fueran golosinas, practicamos sexo embrutecido, nos machacamos el cuerpo con actividades extenuantes para intentar que nos suban las endorfinas y las dopaminas y las serotoninas, y lograr así sentir algo. Nos convertimos en hedonistas-consumistas sin rumbo vital.

Entramos en un círculo vicioso, cuanto más intensas son las experiencias más insensibles nos volvemos. Podemos romper ese circulo poniendo nuestra presencia en desatascar el tubo, en ser cada día un poco más sensibles, en vez de aumentar constantemente la intensidad. Únicamente se necesita un poco de valor y un poco de coraje, bueno y una gran provisión de pañuelos de papel.

Sexo tántrico: una metáfora culinaria

He escrito varios artículos sobre las diferencias fundamentales entre el sexo tántrico y el sexo convencional. En esta ocasión lo haré a través de una metáfora: dos parejas acuden, por separado, a un restaurante estupendo situado en un ático, para celebrar sus respectivos aniversarios. Como reservaron con antelación les han dispuesto en el mejor sitio de la sala, junto a una cristalera inmensa con vistas al exterior.

Ambas parejas llegan un poco tarde, el tráfico está fatal. Los tántricos, en cuando entran al restaurante, se olvidan de los problemas de aparcamiento. Se dejan seducir por la encantadora sonrisa de la camarera que les atenderá durante la cena, por el ambiente acogedor y cálido del restaurante y por la increíble visión de la ciudad iluminada por la Navidad. Cuelgan sus abrigos en el perchero del recibidor y apagan sus móviles.

Los convencionales tienen un pequeño enganche: sobre la impuntualidad de ella y sobre la obsesión de ir en coche a todos los sitios de él. No se percatan de la belleza de su ciudad hasta pasados 10 minutos de estar sentados, no se han atrevido a apagar los móviles, están un poco tensos.

La pareja tántrica ha decidido probar los platos de la carta más atrevidos, tras atender las explicaciones de la simpática camarera sobre los ingredientes, se deleitan intentando sentir los diferentes sabores y compartiendo entre ambos lo que ha pedido cada uno, mediante un bocado perfecto. Un bocado perfecto es tomar con un tenedor o una cuchara una pizca de todos los ingredientes de un plato y delicadamente introducirlos en la boca de tu pareja, mientras está cierra los ojos y ronronea ligeramente. El beso es opcional aunque recomendable. (Aclaración importante: el bocado se hace pluscuanperfecto si se sirve con los dedos).

La pareja convencional tiene un pequeño problema a la hora de elegir las viandas. Ella quiere probar cosas nuevas, pero tiene muchos reparos sobre algunos ingredientes que no saben si le van a gustar, y no hace mas que preguntar a la camarera sobre esto y sobre lo otro. El lo tiene claro: “donde esté un buen chuletón que se quiten éstas pijadas”. Elige lo que más se parece a algo ya conocido y piensa que se va a quedar con un hambre del demonio, está deseando que lleguen los postres ¡que tienen una pinta! La conversación versa sobre el mal ambiente que hay en el trabajo de él y sobre el daño que le están haciendo a ella los zapatos de tacón de aguja, que nunca se pone. Ambos coinciden, tras comerse sus platos, en un recuerdo difuso: “no estaba tan mal, estaba rica la comida”.

A la camarera le están entrado lo siete males, se está dando cuenta de que su novio y ella se parecen más a quienes no se miran casi a los ojos, que a los otros dos tortolitos que no paran de darse besos y reírse todo el rato. Siente envidia admirativa hacia ellos, y eso que ha tenido que desarmar su mesa, pidieron sentarse uno junto al otro ¡se sentían tan lejos frente a frente! Cuando observa que la mujer tántrica se ha quitado los zapatos de tacón de aguja, que tampoco se pone nunca y que también le aprietan, y que ha metido su dedo gordo del pie izquierdo en el calcetín del pie derecho del hombre tántrico, mientras relajadamente siguen deleitándose con los postres, que decide invitarles a una golosina que lleva por nombre “Amour Fou”

Mientras el hombre convencional ha salido a la terraza a fumar, disimuladamente ha cogido el móvil para ver cómo va el fútbol, encima pierde su equipo. Su pareja también ha sacado el móvil y sin ningún disimulo está haciendo fotos a los platos y al restaurante pa subirlos al Face y al Insta y presumir de lo bien que se lo pasa. Se han comido los postres con tal ansia que ha sido un visto y no visto, no les dio tiempo a disfrutarlos, se les sigue notando tensos.

Llega la hora de los regalos, son estos: un smartphone de última generación, un viaje a Sicilia, un smartwatch de última generación y un curso de parapente. Fácil saber a quien le corresponde cada regalo y quien lo hace ¿verdad?

¡Bueno me voy que me está entrando un hambre! ¡Jajaja!

Ciao, ciao.

“Ahí abajo”

¡Una imagen muy evocadora! Es de un artista gaditano llamado Mariano Vargas. No es una pintura, es una fotografía. Provoca sensaciones y emociones eróticas y estéticas por doquier. A mi además me sugiere amor. Amor hacia el cuerpo al interesarse por él. La naturalidad con que la joven abre sus piernas y el gesto de curiosidad por saber que hay entre ellas, es amor hacia su condición femenina y su sexualidad, en definitiva puro amor hacia ella misma. Lo hace a conciencia, rasurándose y tomándose su tiempo para observar su vulva, su vagina, su yoni con todo detalle ¡No hay vergüenza!

Conozco a mujeres que dicen ” ahí abajo” no solo ancianas de más de 80, también con la mitad de años, incluso con 20 primaveras. Es una expresión que indica: “Yo no vivo en mi sexo, es algo que está ahí abajo, ajeno a mi” ¡Demoledor! También ocurre con la energía sexual, existe un gran desconocimiento de cual es su funcionamiento. La energía sexual es la energía vital que nos regala placer y éxtasis al Hacer el Amor. Además nos impulsa a ser pasionales, alegres, creativos, fuertes. Cuando la energía vital llega al corazón, logramos amar la vida tal y como es, nos convertimos en seres compasivos y sensibles. No reprimamos ni tiremos la divina energía sexual que nos da la vida y nos procura placer y amor. No la convirtamos en un producto de consumo, superficial y vacío, más.

La belleza nos saca de la mente

La belleza es una experiencia sensorial, corporal, física… que nos procura vivencias espirituales. Nos saca por un tiempo del yo pequeñito que creemos ser, nos aparta de la mente pensante y acaparadora. Entra por los sentidos: un delicado aroma a tierra mojada, para por un instante la conversación interna, llenando nuestros plumones de puro placer. La música, una voz humana cálida, profunda, sostenida, un susurro, un llanto, el trino de un pájaro… nos maravillan, nos llenan el corazón de Amor. Lo sorpresivo del sentido del gusto puede dejarnos boquiabiertos ante un suculento plato de macarrones con tomate. El tacto nos transporta directamente al éxtasis, por la unión física, amorosa y presente con otros seres humanos. Los ojos nos iluminan ante la hermosura de los hombres y las mujeres que pueblan nuestras vidas. Ante una montaña, un cuadro, una casa o unos ojitos casi cerrados de un bebito. La belleza nos aparta del juicio, nos conmueve, nos sana, nos recuerda quienes somos. Y si, sobre la belleza también se puede pensar, pero ya es otra cosa…

¡Vivir mucho!

¡Estoy vivo y me siento vivo! Cuando esté en una silla de ruedas en el jardín de la residencia de ancianos quiero tener una sonrisa resplandeciente de ear a ear. Por haber Hecho el Amor con mi pareja hasta la extenuación. Lo pongo en mayúsculas porque son tan preciosas las palabras como el hecho en sí ¡Faire l’ Amour! Y no es fácil Hacer mucho el Amor existen muchas distracciones y muchos miedos que lo impiden. Eso también: Quiero afrontar mis miedos con todas sus consecuencias, me dará mucha pena cuando me tengan que bañar en la residencia, por no poder hacerlo sólo, no haber Honrado mi Verdad por miedo al ridículo o por miedo a romper las reglas familiares o por miedo a salirme del mainstream o por miedo a equivocarme o por miedo a enfrentarme a mis traumas. Cuando tenga que comer sin sal y sin grasas y sin lactosa y sin gluten… sin chicha ni limoná vamos, imaginaré que estoy comiendo las ricas viandas que degusté rodeado de personas atrevidas y gustosas que no sólo ingerían tofu y brócoli, de vez en cuando se arriesgaban con el jamón serrano. Recordaré cuando me duelan a rabiar las rodillas lo mucho que bailé y lo mucho que disfruté en los ecstatic dance y en otros templos del baile. Y será estupendo remenorar como hice todo lo posible por compartir el Amor que en ocasiones me desborda el Alma con todo aquel que quiso hacerlo. También será maravilloso poder dar la mano a una anciana con la que logré abrir mi cuore de par en par y contemplar el suyo en carne viva. Y será divertido aventurar como es el Último Viaje o la Muerte o Estirar la Pata. Me siento bien contemplando como el mundo cambia y como cambio yo con él. Cuando tenga 90 años, dentro de 40, todo será tan distinto que ni me lo imagino, quizá no entienda algunas cosas, sólo espero seguir teniendo la mirada de aquel niño que aseguraba que el mundo lo hizo Dios para que jugara todo lo que quisiera.

La felicidad no se piensa, se siente

Nos sorprende mucho no sentirnos felices con todo lo que tenemos. Es entonces cuando iniciamos inventario: tengo pareja, dos hijos, trabajo, una casa bonita, dos coches, un perro, dos amigos íntimos, interés por la vida… (cada uno hace inventario de lo que tiene) ¿por qué no me siento feliz? También puede ser al revés, haces inventario de lo que tienes para sentirte feliz: tengo pareja, dos hijos, trabajo, una casa bonita, dos coches, un perro, dos amigos íntimos, interés por la vida… ¿cómo no voy a sentirme feliz? En el primer caso hay al menos sinceridad y humildad, en el segundo mentira y soberbia, estás intentando manipularte a ti mismo mediante el pensamiento.

La felicidad no se piensa, se siente. Es más, la felicidad es una sensación, se percibe en el cuerpo. Es una sensación sutil, no es euforia, ni alegría, ni risas, ni tampoco el sentimiento de ir ganado siempre o de que todo vaya bien. La felicidad es entregarse a la vida, es confiar en la existencia más allá de nuestros deseos egóticos. Cuando esto sucede la mente se tranquiliza y el cuerpo se relaja profundamente. La felicidad tiene que ver con la Presencia, con acompañar a la vida en todo momento, suceda lo que suceda. Si evitas la tristeza o la ira o el conflicto o tu fuerza o tus instintos o tus miedos estás evitando la mitad de la existencia, estás creando tensión: huyes de la vida. La felicidad es una dicha inasible, impensable, corporal, sutil, poética, humilde, sencilla… es el estado natural del Ser, Amor puro Amor.