¡¡¡Gracias!!!

Estupendo el Taller De TANTRA del sábado, personas entregadas, valientes, capaces de afrontar sus límites y sobre todo amorosas y divertidas ¡Gracias a todos me sentí muy feliz facilitando el encuentro!

Un abrazo tántrico

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El sexo y los carretes

Tan antiguo y tan desconocido será el sexo dentro de no mucho tiempo como lo son para un milenial esa cámara analógica y esos carretes fotográficos. En Japón ya pasa, son líderes mundiales en cámaras digitales y en abstinencia sexual. No olvidemos que la sociedad japonesa es la más tecnificada del planeta, y lo que allí sucede sucederá en el resto del mundo desarrollado con los matices propios de cada cultura. Claro el instinto sexual no se puede arrancar de cuajo pero se intenta reprimir, controlar, sublimar… Meterse a monja, monje o cura serían las formas antiguas de aproximarse al olvido del sexo, aunque sólo Dios sabe lo que ocurre en los conventos en los monasterios y en el Vaticano.

Los tiempos cambian ahora para ser célibe no es necesario enclaustrarse, basta con pasar buena parte del día en las redes sociales, en Netflix, whatsappear con desconocidos sobre lo divino y lo humano, jugar con la consola, ver vídeos tontorrones. También contribuye mucho a la inactividad sexual las actividades extralaborales tras una larga jornada de trabajo: tomar cañas, ir al gym, hacer cursos de origami, de teatro, de mindfulnes o ir a las manifas… Sentir a todas las personas del otro sexo como amig@s o herman@s no sube mucho la libido. Ser un exigente gourmet, dedicar mucho tiempo y mucha energía a las mascotas o a los robots de compañía (los smartphones lo son) tampoco. El miedo cerval a las bacterias, ver programas de Antonio García Ferreras, ser un gran forofo futbolero o intentar convertirse en un ser de luz antes de tiempo, también apaciguan mucho la energía sexual. Por cierto según la American Psychological Association (APA) pensar y hablar mucho sobre sexo no cuenta como práctica sexual.

¿Por qué practicamos cada vez menos sexo pero a la vez nos atrae tanto?

La respuesta tiene que ver con el abandono de nuestros instintos animales. Ya lo dijeron los hippies y su liberación sexual de los años 60, y antes Sigmund Freud en El malestar de la cultura y antes los románticos. Muchos otros lo han expresado de muy diversas maneras: ¡Somos animales! ¡Hembras y machos humanos! También somos seres racionales y abstractos y filosófico-artistas y científico-técnicos y espirituales de consciencia pura, pero primero animales. Si lo olvidamos es como querer escribir literatura como García Márquez obviando el abecedario. Amar profundamente nuestra energía sexual, nuestro poder animal, y comprenderla nos hace seres sexuales, fuertes, sensuales, vitales, creativos, sensibles, amorosos… ¡plenos!

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¡Somos humanos!

¡No somos ciberhumanoides electrónicos hiperconcectados en red pero aislados en cubículos! ¡De momento somos humanos! Mamíferos de sangre caliente, machos y hembras con necesidades animales: Respirar, comer, beber, defecar, orinar, sexo, jugar, necesitamos expandirnos, pertenecer a grupos (no sólo de Whatsapp o Facebook) nos  encanta el contacto físico, la sensualidad, los abrazos, los besos, las caricias… pero de calidad… con presencia… con amor. No de forma atropellada entre un atracón de Neflix, la subida de fotos en Instragram y el recuento de Like en Facebook. Además de machos y hembras somos hombres y mujeres, seres racionales, con una capacidad de abstracción superlativa y una inteligencia estupenda, también somos seres de luz, dioses y diosas, consciencia y energía. Vivimos en esa dualidad que hace posible la existencia, al menos en este universo. Pero se nos olvida con frecuencia que somos animales, carne viva, con necesidades y bendiciones. Recuerdo una historia que me contaron sobre una gatita encontrada en un cubo de basura. Aún tenía el cordón umbilical colgando, su madre no pudo ni siquiera lamerla. Salvaron su vida y la cuidaron con mucho mimo pero al crecer se convirtió en una gata arisca y enfadada. Nadie puede acercarse a ella, ni siquiera un gato alfa puede montarla. Le faltó el contacto físico de sus iguales, de su madre y de sus hermanos. Cuando las hembras lamen a sus cachorros no solo es para limpiarles, inmunizarles con la saliva o calentarles el cuerpo, también les abrazan con la lengua, les trasmiten cariño, amor y placer.

Si no nos damos cariño, piel, amor físico, besos, abrazos, mimos, placer nos volvemos en principio seres mentales, siempre pensando nunca sintiendo. Algunos se tornan ariscos, otros agresivos y muchos violentos o adictivos. Si no nos tocamos con el tiempo, el amor y la presencia suficientes perdemos el instinto animal de como acercarnos a los demás. Y lo suplimos con torpes maneras: invadiendo, manipulando, exigiendo o directamente agrediendo. Perdemos el instinto carnal y la forma de arreglarlo que tenemos no es volviendo a ser sensuales sino con normas, leyes, procediementos, protocolos…. todo muy mental ¡No se pueden regular las relaciones físicas y emocionales humanas como si fuera el mercado hipotecario!

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Sanación sexual 2

Decíamos en el post anterior que al practicar sexo de forma convencional (excitación, búsqueda del orgasmo, fricción de los genitales, tensión corporal, fantasías y morbo) se nos olvida lo más importante: Ser espontáneos y naturales, dejar que nuestros cuerpos sean quienes hagan el amor y no nuestras mentes ¡El sexo se siente, no se piensa!

Tras años de práctica de sexo convencional, que en ocasiones puede ser muy placentero todo hay que decirlo, el cuerpo va perdiendo sensibilidad y es entonces cuando disminuye el interés por él o nos lanzamos a experiencias cada vez más intensas que hacen que perdamos más sensibilidad, entrando en un bucle sin fin.

La sanación sexual de las heridas producidas por agresiones, y sobre todo las secuelas ocasionadas por prácticas sexuales ejercidas desde la carencia de amor propio y la inconsciencia, y también la insensibilidad producida por el sexo convencional, pasan primero de todo por darnos cuenta de que las tenemos. Parece obvio, pero dado la casi nula educación sexual y la mercantilización del sexo no es tan fácil. Las referencias sexuales conscientes son escasas y minoritarias. Ser sinceros con nosotros mismos y admitir que nuestra vida sexual no es tan placentera como quisiéramos es el primer paso. Luego hay que añadir un poco de coraje para afrontar las emociones dolorosas y mucho, mucho cariño hacia nosotros mismos y hacia nuestras parejas.

El Tantra propone la sanación sexual a través de movilizar, expandir y mantener la energía sexual por nuestro cuerpo y la sensibilización de este. El movimiento de la energía sexual y creativa de los genitales va abriendo camino, deshaciendo los bloqueos tanto físicos, como energéticos y emocionales y liberando las heridas que deben ser acogidas y sentidas desde la Presencia y el Amor. La manera de movilizar la energía sexual va desde meditaciones en movimiento, en pareja, respiraciones profundas y acompasadas en solitario o en pareja, el mágico Circulo de la Luz, visualizaciones, masajes y por supuesto haciendo el amor de forma consciente. La sensibilización del cuerpo se basa, como siempre, en la presencia, en este caso corporal y en amarlo y cuidarlo. Los masajes, estiramientos, relajaciones, cariños, mimos, besos, susurros y abrazos ablandan el cuerpo, y este agradecido celebra las delicadezas que le ofrecemos en forma de placer.

A los hombres -en general, siempre hay excepciones- por nuestra musculatura y por muchos condicionamientos culturales impuestos nos cuesta más sensibilizarnos. Nos dicen: “los hombres son fuertes” cierto que debemos serlo pero también sensibles y eso nos lo recuerdan poco. A las mujeres por todo el pasado de abusos y de violencia y por ser receptoras de la energía sexual os cuesta, por lo general, más sentir las heridas emocionales que se alojan en los órganos sexuales. Una mujer puede ayudar a sensibilizar a un hombre desde su amor y su sensualidad, y un hombre puede contribuir a liberar las heridas de una mujer desde su presencia y su sexualidad, cuando le hace el amor de forma presente. Un pene consciente es un instrumento sanador de energías negativas y heridas sexuales. Una vez liberados los bloqueos y sensibilizado el cuerpo el Tantra sugiere unir la energía sexual y creativa de los genitales con el amor del corazón: es el éxtasis tántrico o la fusión con lo Divino.

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Sanación sexual 1

El sexo es un misterio maravilloso y como buen misterio no se deja dominar. Hay que entregarse a él para disfrutarlo plenamente. La cuestión estriba en si nos entregamos desde el Amor y la Presencia o desde la carencia de ambos: el miedo y la inconsciencia. Lo que buscamos en el sexo es contacto- energético y fisico- placer, cariño, ternura, relajación, amor, éxtasis, vitalidad, conexión con lo Divino… pero dependiendo desde dónde se practique podemos pasarlo estupendamente o hacernos daño.

Cuando existe un abuso sexual o una violación el daño causado es muy grande y evidente, la culpa es siempre de quien causa la agresión y debe ser castigado con dureza. Los efectos negativos sobre la persona agredida o violentada deben ser tratados debidamente desde el Amor, la compasión y la sanación e intentando con mucha delicadeza no victimizar, pues está carga directamente contra la autoestima.

En las relaciones sexuales consentidas y buscadas también podemos dañarnos, pero de una manera sutil y encubierta, un daño que se va acumulnado hasta saturar nuestro cuerpo. Cuando somos adolescentes y jóvenes, ahora parece que somos jóvenes hasta los cincuenta, en ocasiones practicamos sexo por razones que no cuadran mucho con la consecución del amor o el placer. Hacemos el amor de cualquier manera y con personas por las que no sentimos una especial conexión por miedo a no parecer atrevidos, por miedo a la soledad, para que nos quieran, para sacar la energía sexual de nuestros cuerpos cuando está nos desborda, para conseguir derechos sobre la otra persona -me acuesto contigo si haces lo que yo diga- para huir de problemas y situaciones conflictivas, sexo de pago, sexo por obligación… En definitiva que a veces la motivación para participar sexo es evitar enfrentarnos a nuestros miedos.

Y una vez en la cama, o en el coche, o en un probador de ropa o a la salida de una discoteca practicamos sexo de manera inconsciente. Claro si tenemos como referencias sexuales el porno, las pelis americanas, las canciones románticas, los consejos de las revistas femeninas, los sex-shops y el tupper-sex pues estamos apañados. Sucumbimos a prácticas sexuales en las que prima la tensión muscular, la fricción de lo genitales, la excitación compulsiva, el morbo, la búsqueda desesperada del orgasmo, las fantasías eróticas, los juguetitos… ¡y nos olvidamos de lo importante!

Continuará…

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El poder del afuera

Si entregamos nuestro poder a los demás estamos perdidos ¡muy perdidos! Si casi siempre considero más importante la opinión y el sentir de los otros para formar criterio sobre cualquier asunto propio, entonces vivo sin vivir en mí. Cuando voy por la vida con una sonrisa perenne estilo “New Ege” ocultando mis sentimientos reales para no ofender a nadie, me estoy traicionando a mí mismo. Si alguien me rechaza un regalo o evade mi presencia o me critica a mis espaldas y monto una tragedia griega, me rasgo las vestiduras y me llevan los demonios, tengo una lección que aprender: el otro es libre de hacer lo que hace ¡no le voy a servir más el poder de ofenderme en bandeja de plata! Es evidente que a todos nos apetece más que nos traten con amabilidad, cariño y amor… pero sí tu paz interior, alegría y felicidad depende del afuera, prepárate para sufrir en cantidades industriales. Tú bienestar, no me canso de repetirlo, viene fundamentalmente del Amor propio, de la aceptación de como eres -de como eres Aquí y Ahora, puedes cambiar y seguro cambiarás- y de la Presencia. La Presencia te trae a la vida, a la vida real… destruye las constructos mentales, las teorias, las ideas, en definitiva las tonterias de como debe que ser la vida.

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El amor no duele

El #amor no duele lo que duele es su ausencia. En las relaciones de pareja aún existe la creencia, muy extendida por cierto, que sentir amor por el otro conlleva inevitablemente una buena dosis de dolor. No me refiero al dolor que produce la compasión hacia nuestra pareja en una enfermedad o en un conflicto emocional. Me refiero al dolor de sentirnos limitados, controlados, ninguneados o ya en los casos extremos agredidos y violentados. Las relaciones amorosas no dan derecho a ninguna de esas acciones. Eso no es amor en ninguna circunstancia ¡eso se llama apego! ¿y por qué nos apegamos a una persona que nos maltrata? Esencialmente por tener una autoestima baja, en otras palabras por no querernos a nosotros mismos, por tener el amor propio congelado. Entonces nos juntamos con cualquiera que nos de un poquito de amor, unas migajas de presencia a un precio muy alto: humillación. Pero el maltratador también tiene una bajísima autoestima que intenta soportar menoscabando la de su pareja para sentirse superior. Siempre es muy doloroso tapar nuestras carencias con el otro.

Las relaciones de pareja sanas se basan en compartir el amor que cada uno tiene. Nadie, jamás nos va a dar todo el amor que necesitamos, nos lo tenemos que dar a nosotros mismos. También es importante respetar los gustos y las preferencias del otro, hablo de libertad, y en ayudarse mutuamente para crecer como seres humanos, hablo de compromiso. No propongo idealizar las relaciones en una especie de neo-romanticismo consciente, siempre habrá conflictos y momentos duros pero se trata de afronrarlos desde el respeto, la sinceridad y el amor.

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