Sensual

Lo sensual nos mantiene en contacto con la vida. Nos comunica con lo que tenemos a nuestro alrededor y con nuestro propio cuerpo. Vivimos demasiado en los pensamientos, razonamientos y juicios ¡Y eso es como vivir en la Luna! ¡De algunas partes de nuestro cuerpo sólo nos acordamos cuando nos duelen! El Tantra suguiere cultivar de una manera decidida lo sensual, sentir el cuerpo y todo lo que le rodea, más que acumular información sobre asuntos que están a miles de kilómetros de nosotros, y que a la postre son nocivos para nuestra vida o al menos insustanciales.

Lo que sí tiene sustancia es sentir el frío en la cara cuando salimos a la calle en invierno ¡toda una caricia! Y lo conseguimos sólo con estar un poco presentes y olvidarnos un rato del móvil. Percibir en nuestras manos el calor de una taza de nuestra infusión favorita con toda presencia, es un gran lujo, que se complementa con el aroma, con el sabor, mientras respiramos a fondo y nos relajamos ¡sin prisas! Si estamos dándole vueltas como una lavadora centrifugado a una tontería que nos dijo un compañero de trabajo, nos la tragamos sentir casi nada.

Los suaves rayos de sol del invierno, apreciar el alargamiento de los días, el olor de la hierba recién cortada andando descalzos sobre ella, mirar las estrellas, alimentarnos degustando delicadamente la comida, darse un baño de espuma o una ducha fría, una sonrisa de un desconocido o de una conocida, que también vale. Sentir el calor o el frío de una mano al estrecharla, abrazos cálidos, besos bien dados, masajes por todo el cuerpo, bailar, caminar, hace el el amor… ¡Y mil cosas más!

Para hacer todo esto no se necesitan alardes monetarios, ni técnicos, ni organizativos. Sólo una cosa: Presencia, con ella los actos más sencillos se vuelven maravillosos. Lo que el Tantra propone es sensibilizar nuestro cuerpo, nuestros sentidos, nuestra percepción: ¡nuestra vida!

Taller De TANTRA

Sensibilidad

La sensibilidad es la puerta a una vida plena, a una existencia ¡vivida! Entonces ¿por qué nos cuesta tanto ser sensibles? Porque la sensibilidad no tiene filtros, ni corazas, ni ideales, ni juicios, ni medias tintas.

La sensibilidad es vivir lo que está sucediendo sin salirse por la tangente, y eso da miedo. Es como un tubo limpio y despejado por el que entra de todo: lo agradable, lo bello, lo sublime y lo placentero y también lo desagradable, lo feo, lo vulgar y lo doloroso. Sino queremos o no podemos sentir lo que nos toca en cada momento bloqueamos el tubo, es decir nos volvemos insensibles, pagamos un precio muy alto por ello: vivir a medias.

Pero como el deseo de vida permanece latente actuamos de dos maneras: nos convertimos en melancólicos y apáticos para no sufrir demasiado o en intensos. Nos apuntamos entonces a las conversaciones de tono de voz elevado y donde ganar es lo esencial o a tirarnos en paracaídas a pesar del vértigo. Tomamos sustancias psicoactivas (enteógenos, drogas, alcohol) como si fueran golosinas, practicamos sexo embrutecido, nos machacamos el cuerpo con actividades extenuantes para intentar que nos suban las endorfinas y las dopaminas y las serotoninas, y lograr así sentir algo. Nos convertimos en hedonistas-consumistas sin rumbo vital.

Entramos en un círculo vicioso, cuanto más intensas son las experiencias más insensibles nos volvemos. Podemos romper ese circulo poniendo nuestra presencia en desatascar el tubo, en ser cada día un poco más sensibles, en vez de aumentar constantemente la intensidad. Únicamente se necesita un poco de valor y un poco de coraje, bueno y una gran provisión de pañuelos de papel.

¡Tantra!

Caras sonrientes, relajadas y felices tras el Taller De TANTRA de ayer. Gracias por vuestra entrega, vuestro amor y vuestra disposición a la felicidad ¡me encanta formar parte de esto! Como siempre digo la felicidad se siente no se piensa ¡y salta a la vista!

Abrazos tántricos

 

 

¡Vivir mucho!

¡Estoy vivo y me siento vivo! Cuando esté en una silla de ruedas en el jardín de la residencia de ancianos quiero tener una sonrisa resplandeciente de ear a ear. Por haber Hecho el Amor con mi pareja hasta la extenuación. Lo pongo en mayúsculas porque son tan preciosas las palabras como el hecho en sí ¡Faire l’ Amour! Y no es fácil Hacer mucho el Amor existen muchas distracciones y muchos miedos que lo impiden. Eso también: Quiero afrontar mis miedos con todas sus consecuencias, me dará mucha pena cuando me tengan que bañar en la residencia, por no poder hacerlo sólo, no haber Honrado mi Verdad por miedo al ridículo o por miedo a romper las reglas familiares o por miedo a salirme del mainstream o por miedo a equivocarme o por miedo a enfrentarme a mis traumas. Cuando tenga que comer sin sal y sin grasas y sin lactosa y sin gluten… sin chicha ni limoná vamos, imaginaré que estoy comiendo las ricas viandas que degusté rodeado de personas atrevidas y gustosas que no sólo ingerían tofu y brócoli, de vez en cuando se arriesgaban con el jamón serrano. Recordaré cuando me duelan a rabiar las rodillas lo mucho que bailé y lo mucho que disfruté en los ecstatic dance y en otros templos del baile. Y será estupendo remenorar como hice todo lo posible por compartir el Amor que en ocasiones me desborda el Alma con todo aquel que quiso hacerlo. También será maravilloso poder dar la mano a una anciana con la que logré abrir mi cuore de par en par y contemplar el suyo en carne viva. Y será divertido aventurar como es el Último Viaje o la Muerte o Estirar la Pata. Me siento bien contemplando como el mundo cambia y como cambio yo con él. Cuando tenga 90 años, dentro de 40, todo será tan distinto que ni me lo imagino, quizá no entienda algunas cosas, sólo espero seguir teniendo la mirada de aquel niño que aseguraba que el mundo lo hizo Dios para que jugara todo lo que quisiera.