Todo tiene un precio

El hombre no hacía más que removerse en su silla y hacer preguntas extrañas. Las respuestas no le satisfacían en absoluto. El maestro tántrico seguía impartiendo su charla con gusto y relajo. Hablaba sobre la aceptación de lo que nos sucede en la vida como principio de una buena existencia. El hombre se levantó nervioso y le interrumpió sin miramientos: “¿Entonces para ser feliz hay que ir a La India o a Cachemira o al Nepal a practicar meditaciones y cosas de esas?” El maestro le contesto que en realidad el único sitio donde debes ir es hacia ti mismo. Se sentó refunfuñando y quejándose del calor que había que soportar en la sala. Al cabo de dos minutos se volvió a incorporar haciendo mucho ruido con la silla y salió por la puerta tan rápido como volvió a entrar. “No me voy todavía” El maestro con parsimonia le pregunto que le preocupaba tanto.

-Tengo un problema muy gordo.

-¿Qué problema?

-Es que es muy grave.

-¿Lo puedes contar?

-Es un sinvivir… es mi mujer.

-¿Qué le pasa a tu mujer?

-¡Qué es muy guapa!

-¿Guapa?

-Guapísima.

-¿Guapísima?

-Guapísima no, lo siguiente.

-Entiendo.

-Los hombres se dan la vuelta cuando va por la calle. Al entrar en los bares los hombres se dan codazos entre ellos ¡Delante de mí! Los hombres le piden amistad en Facebook a cientos. En su trabajo todos los hombres van detrás de ella ¡No puedo más!

-¡Todo tiene un precio amigo!

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