Paz interior

La paz interior es una sensación maravillosa, yo personalmente la pondría como la más estupenda… Llega cuando dejamos de dar vueltas y vueltas a como debe ser el mundo. Yo creo que hay algo neurótico en pretender saberlo todo, controlar cada detalle, acaparar cosas, experiencias, hasta poseer personas. Y no sólo neurótico también hay mucha soberbia y cantidad de eso que se ha dado en llamar ego. La vida es tan grande, tan salvaje, tan caótica que es una quimera pretender domarla. Al contrario cuando nos relajamos en Lo Que Es, en aquello que está sucediendo, en el famoso Aquí y Ahora, como por arte de magia la existencia se vuelve sencilla, aunque lo que este pasando sea algo muy fuerte, estruendoso o complicado. Al centrar nuestra energía y nuestra presencia se abre como un espacio que te abraza, te mece… es la paz, el silencio, el vacío búdico o llámalo como quieras. Oponernos a Lo Que Es, en el fondo es una manera de agresión hacía nosotros mismos… entregarse a la vida es tan placentero… tan sensual… tan femenino… trae tanta paz… que merece la pena arriesgar…

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Amor propio

El Amor hacia uno mismo es la clave de la vida. Cuando digo esto algunas personas creen que estoy exaltando el egoísmo. Consideran que quererse mucho es sinónimo de creerse el mejor, de acapararlo todo para uno mismo, de sentirse el centro del universo, de convertirse en un egocéntrico vamos. En realidad el amor propio termina en humildad. Nos amamos cuando amamos todo lo que nos pertenece, nuestros dones, nuestras virtudes, nuestro cuerpo, nuestros gustos… pero debemos incluir también en el lote nuestros condicionamientos, manías, ridiculeces, traumas, miedos, rencores, tonterías y demás “defectos”. Amar incondicionalmente nuestra parte oculta, oscura y dolorosa, la famosa sombra mentada por Jung. Amar nuestra sombra no significa necesariamente que nos guste o que no la intentemos cambiar, amarla significa mirarla, darle presencia, abrazarla, iluminarla… afirmar que existe. Cuando somos capaces de esto, estamos siendo compasivos con nosotros mismos, y a nuestra existencia acude la paz, la tranquilidad y la felicidad. Nos volvemos humildes por qué entendemos que la sombra de los demás ¡es tan parecida a la nuestra! Compartir se vuelve entonces algo hermoso y mágico…

Os deseo a todos muchísimo Amor propio para el 2018, un abrazo tántrico,

KiKe

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Sinceridad

La sinceridad es una actitud fundamental para lograr una buena vida. Primero ser sinceros con nosotros mismos. La neurosis o el malestar emocional surgen cuando queremos ser una persona diferente a la que realmente somos. Si somos sensibles lo mejor es asumirlo y no ir por la vida de personas duras e invulnerables. Sí nos dan miedo las relaciones con el otro sexo es más sencillo reconocerlo y relacionarnos desde ahí, que atiborrarse a alcohol u otras sustancias. Si hemos tenido una infancia traumática quizá sea conveniente realizar psicoterapia y no mentirnos diciendo que todo fue “wordelful”. En el fondo la sinceridad es sinónimo de alivio, ligereza, relajación: libera el Alma.

Segundo, la sinceridad con los demás: ¿Cómo podemos tener relaciones nutritivas, estimulantes y conscientes con los otros sí mentimos? La falta de sinceridad es colocar barreras entre los demás y nosotros. Se crea entonces una ficción entre personajes que no existen, una relación hueca y sobre todo cansadísima. Aparentar es agotador, no puedes relajarte y ser tu mismo ¡te pillan enseguida! La mentira crea ataduras y malos rollos. Lo dijo alguien muy importante: La verdad os hará libres. ¡Y da mucha paz interior!

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Amor y miedo

Lo contrario del Amor es el miedo. No es el odio, odiar es simplemente animadversión hacia algo o hacia alguien. Amas al confiar en la vida, cuando te sientes integrado en ella. Sientes miedo cuando desconfías de la existencia, al vivirte aislado de cuanto te rodea. Por tanto Amar es afrontar la desconfianza hacia la vida, hacia los otros y hacia lo desconocido.

Amar es un estado permanente del Alma no un sentimiento pasajero hacia alguien o hacia algo. El Amor te lleva a la espontaneidad, a la naturalidad y a la aceptación de lo que sucede. Expresado de otro modo te conduce a la felicidad o a la paz interior. La felicidad entendida no como un estado de euforia, ni de alegría constate, ni de sensación de triunfo permanente. La felicidad es una relajada aceptación de Lo Que Es. Es entregarse al misterio de la existencia. Para Amar, con mayúscula, necesitas dos ingredientes: un poco de valor y una pizca de coraje.

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Uno: Experiencia y Tantra

La Unidad es siempre o mejor dicho la Unidad Es. Somos Uno, una única Energía, un sólo Ser. Pero ese Uno es múltiple y variado. Podemos observarlo en millones y millones de manifestaciones diferentes con nuestros sentidos. La sensación de separación del Uno es la experiencia que posibilita la vida y es dolorosa. La experiencia de la unión con el Uno es placentera, pero es sólo una experiencia más de la muchas que están presentes en la vida. Una experiencia tiene comienzo y fin el Uno no, el Uno no es una experiencia. Buscar el Uno como viático, como forma de vida, genera mucho sufrimiento por qué es intentar una experiencia sin fin, una arcadia imposible. El mejor viático a mi juicio es entregarse a la vida tal y como es, experiencia tras experiencia, incluidas las de separación extrema y las de unión total. Dolor y éxtasis, aburrimiento y creación, tristeza y alegría, miedo y Amor… El Tantra enseña a aceptar las experiencias dolorosas y a potenciar las placenteras sabiendo que ambas son pasajeras, no repudia aquellas ni se apega a estas, con ello se consigue una gran paz interior.

Ritmo y Tantra

El Tantra tiene un ritmo lento. No somos computadoras ni robots. Para sentir la vida de una manera auténtica y nutritiva debemos ir un poco más despacio. Conseguimos así abrir capas de sensaciones y sentimientos que necesitan tiempo y confianza. Nuestros pensamientos van más rápidos que nuestro sentir pero salen más “baratos” no es lo mismo pensar en la vulnerabilidad que sentirla. ¡La mente es un poco fanfarrona! Al vivir un poco más relajadamente aumentaremos mucho nuestra calidad de vida. En ocasiones puede ser complicado desacelerar pero en la mayoría de los quehaceres diarios no es necesaria la prisa. El estrés es debido en gran parte a la inercia, sólo con estar presentes podemos bajar el ritmo y nuestros cuerpos lo agradecerán.

El sexo tántrico es conocido por su lentitud y por su duración. Es fundamental estar relajados para hacer del sexo un experiencia maravillosa. La excitación del sexo convencional produce tensión y prisas que disminuyen de forma drástica la intimidad entre los amantes, el placer y finalmente el éxtasis. El sexo tántrico se fundamenta en la circulación de la energía entre los cuerpos de los amantes y esto se consigue con la relajación, la respiración y la presencia durante el encuentro sexual. El sexo convencional por el contrario se basa en la fricción de los cuerpos, sobre todo de los genitales, y en el aumento constante de la excitación, olvidándose de la respiración y del estar presentes, hasta llegar rápida y compulsivamente al orgasmo. La pasión y la intensidad se pueden dar con un ritmo lento. ¡Slow Life!

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Compasión

Ser compasivo requiere ponerse en la piel del otro y para eso es necesario coraje y valor. La compasión es sentir el dolor de la otra persona sin juzgar sin culpabilizar y sin aconsejar. Es un acompañamiento para que la persona dolorida encuentre una contención emocional y pueda expresarse con libertad. Tras ello puede haber una acción, una ayuda por nuestra parte, en algunos casos no es necesaria, la presencia amorosa es suficiente. Para ser compasivos se requiere también saber manejar las emociones propias pues si nos sobrepasan difícilmente podemos sentir las del otro. La auténtica compasión es una intimidad profunda con uno mismo… una aceptación sin condiciones de la vida… Amor en estado puro.

KiKe