Todo tiene un precio

El hombre no hacía más que removerse en su silla y hacer preguntas extrañas. Las respuestas no le satisfacían en absoluto. El maestro tántrico seguía impartiendo su charla con gusto y relajo. Hablaba sobre la aceptación de lo que nos sucede en la vida como principio de una buena existencia. El hombre se levantó nervioso y le interrumpió sin miramientos: “¿Entonces para ser feliz hay que ir a La India o a Cachemira o al Nepal a practicar meditaciones y cosas de esas?” El maestro le contesto que en realidad el único sitio donde debes ir es hacia ti mismo. Se sentó refunfuñando y quejándose del calor que había que soportar en la sala. Al cabo de dos minutos se volvió a incorporar haciendo mucho ruido con la silla y salió por la puerta tan rápido como volvió a entrar. “No me voy todavía” El maestro con parsimonia le pregunto que le preocupaba tanto.

-Tengo un problema muy gordo.

-¿Qué problema?

-Es que es muy grave.

-¿Lo puedes contar?

-Es un sinvivir… es mi mujer.

-¿Qué le pasa a tu mujer?

-¡Qué es muy guapa!

-¿Guapa?

-Guapísima.

-¿Guapísima?

-Guapísima no, lo siguiente.

-Entiendo.

-Los hombres se dan la vuelta cuando va por la calle. Al entrar en los bares los hombres se dan codazos entre ellos ¡Delante de mí! Los hombres le piden amistad en Facebook a cientos. En su trabajo todos los hombres van detrás de ella ¡No puedo más!

-¡Todo tiene un precio amigo!

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Consejos

Los consejos no pedidos son juicios sumarísimos. Cuando “regalamos” opiniones sin ser requeridas estamos criticando indirectamente a la persona que las recibe. Y encima pretendemos quedar como seres compasivos y clementes que ayudan sin fin y sin recibir ninguna recompensa a cambio. ¡Falso! Lo que hay detrás es una inflación egótica: me subo en un púlpito y como yo se más que tú, incluso de tu vida, te digo lo que tienes que pensar y hacer. O bien hay mucha envidia hacia la persona aconsejada e intentamos taparla emitiendo consejos, criticas en el fondo, por aquí y por allá y por arriba y por abajo. También se pueden utilizar los consejos para manipular: “Debes dejar a tu novio, es un hombre que no te conviene, es demasiado bruto, necesitas a un hombre sensible” casualmente la cualidad de quién aconseja. Antes de atrevernos a ofrecer un consejo, aún si es solicitado, yo creo que debemos pedir permiso por escrito. ¡Casi firmar un contrato!

¿Estaré dando yo demasiados consejos en este blog? Jajaja…

 

El amor no duele

El #amor no duele lo que duele es su ausencia. En las relaciones de pareja aún existe la creencia, muy extendida por cierto, que sentir amor por el otro conlleva inevitablemente una buena dosis de dolor. No me refiero al dolor que produce la compasión hacia nuestra pareja en una enfermedad o en un conflicto emocional. Me refiero al dolor de sentirnos limitados, controlados, ninguneados o ya en los casos extremos agredidos y violentados. Las relaciones amorosas no dan derecho a ninguna de esas acciones. Eso no es amor en ninguna circunstancia ¡eso se llama apego! ¿y por qué nos apegamos a una persona que nos maltrata? Esencialmente por tener una autoestima baja, en otras palabras por no querernos a nosotros mismos, por tener el amor propio congelado. Entonces nos juntamos con cualquiera que nos de un poquito de amor, unas migajas de presencia a un precio muy alto: humillación. Pero el maltratador también tiene una bajísima autoestima que intenta soportar menoscabando la de su pareja para sentirse superior. Siempre es muy doloroso tapar nuestras carencias con el otro.

Las relaciones de pareja sanas se basan en compartir el amor que cada uno tiene. Nadie, jamás nos va a dar todo el amor que necesitamos, nos lo tenemos que dar a nosotros mismos. También es importante respetar los gustos y las preferencias del otro, hablo de libertad, y en ayudarse mutuamente para crecer como seres humanos, hablo de compromiso. No propongo idealizar las relaciones en una especie de neo-romanticismo consciente, siempre habrá conflictos y momentos duros pero se trata de afronrarlos desde el respeto, la sinceridad y el amor.

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Ayuda

Ayudar de corazón es una de las acciones humanas que produce más satisfacción. La ayuda es de corazón cuando es altruista, cuando el placer de ayudar es la única motivación. Si existe un “quid pro quo”, yo te doy y tú me das, el placer de dar disminuye, digamos que la relación es más funcional pero válida si se hace desde la consciencia y el respeto. Cuando el ayudar esconde un querer recibir que no se muestra a las claras entramos en la manipulación. Ejemplo: una persona se desvive por otra, ofreciéndose siempre a llevarla a casa tras el trabajo, a solucionar constantemente sus problemas informáticos, y sí además, escucha sin pausa sus conflictos emocionales, en realidad quiere tener sexo con ella pero no se atreve a decirlo abiertamente. Si el ayudar se convierte en una acción continúa hacia una persona entramos en el sometimiento. La persona ayudada terminará infravalorandose y le será muy difícil crecer y valerse por sí misma. Abandona el rumbo de su vida en manos de otra. El ayudador constante en realidad desea someter, crear dependencia en el ayudado para sentirse valido y estar seguro de ser necesitado siempre. La relación que se crea entre ambos es turbia y complicada: culpa, reproches, mentiras… en realidad nadie quiere ser esclavo aunque la jaula sea de oro.

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Relaciones de pareja

Las relaciones de pareja se fundamentan en dos principios: El amor o el apego.

El apego es aferrarse a una persona para no sentir nuestro dolor o nuestros miedos o nuestras frustraciones o algo aún más fantástico: ¡para que nos haga feliz! El apego sirve como calmante por un tiempo, en realidad no cura las heridas emocionales añade otra nueva: la de ser dependiente de la persona a quién nos apegamos. Los conflictos internos los debemos sanar nosotros, sentirlos nosotros, nos pueden ayudar o acompañar en el proceso pero nunca podrán vivir nuestra vida. El apego es como querer adelgazar ingiriendo 3500 calorias sentados todo el día en el sofá.

Las relaciones basadas en el amor no le endilgan al otro la responsabilidad de hacernos felices ni la de quitarnos nuestra herida de abandono o de falta de autoestima por ejemplo. Se fundamentan en que cada uno debe ser responsable de su existencia y desde ahí compartir la vida, ayudándonos mutuamente, creciendo en humanidad y presencia. Disfrutar de un proyecto común pero desde la libertad de querer ver al otro feliz con nosotros o sin nosotros.

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Tantra y Libertad

En muchas ciudades proliferan sitios donde personas enamoradas colocan candados que simbolizan su unión. Son en cierta forma actos psicomagicos que sellan el sentimiento amoroso hacia el otro. Que expresan la pertenencia mutua de los miembros de la pareja. De forma practica un candado se utiliza para que nuestras pertenencias no se las lleve alguien o para cerrar las puertas de los lugares donde guardamos a nuestro animales para que no se escapen. También se emplean frecuentemente en las cárceles y cuarteles. En realidad la moda de los candados simboliza a mi entender cierto egoísmo. “Como yo estoy enamorado de ti tú eres mio” y es ahí donde comienza una cadena de malentendidos que acaba haciendo difícil la convivencia. “Tienes que hacerme feliz y para ello debes cambiar algunas cosas tuyas que no me gustan y debes adoptar las mías como propias”

Las personas no pertenecemos a nadie, somos libres. El Tantra propone que una relación sana se debe fundamentar en la libertad. Esto no significa que no pueda haber responsabilidad hacia el otro, fidelidad sexual y un proyecto común. Significa que en la unión debe existir respeto hacia las preferencias de la otra persona, equilibrio en el dar y recibir y sobre todo intentar compartir desde el amor a uno mismo y no desde la carencia. Nadie te amará como tú puedes amarte.

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Intimidad

La vulnerabilidad es la llave de la intimidad. La auténtica intimidad con nuestra pareja se consigue cuando somos verdaderamente sinceros con ella. Cuando exponemos al otro nuestra parte más sensible y frágil. ¡Y eso da mucho miedo! Si nos quitamos los escudos y las máscaras emocionales que portamos en la vida diaria, y nos mostramos como somos frente a la persona que amamos y con la que hemos decidido compartir nuestra vida: ¡El cielo se abre! La unión entre ambos es un maravilloso baile de almas: el amor, la paz y el placer circulan sin fin. Pero para conseguir esa ansiada intimidad debemos permitirnos sentirnos vulnerables, asumir plenamente el riesgo de ser lastimados. En este universo donde nos a tocado vivir todo tiene un precio, el precio de la intimidad es asumir que nos pueden herir.

Para poder abrir nuestro corazón de par en par y asumir riesgos debemos tener desarrollados la autoestima y la capacidad de poner límites. El Tantra dispone de técnicas y dinámicas que estimulan nuestro amor propio y nuestra capacidad de ser asertivos: El Amor Divino comienza cuando estamos presentes en lo que está sucediendo.

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