Ritmo y Tantra

Ritmo y Tantra

El Tantra tiene un ritmo lento. No somos computadoras ni robots. Para sentir la vida de una manera auténtica y nutritiva debemos ir un poco más despacio. Conseguimos así abrir capas de sensaciones y sentimientos que necesitan tiempo y confianza. Nuestros pensamientos van más rápidos que nuestro sentir pero salen más “baratos” no es lo mismo pensar en el miedo que sentirlo. ¡La mente es un poco fanfarrona!

Es sencillo, si vivimos con relajación aumentamos nuestra calidad de vida. En ocasiones puede ser complicado desacelerar pero en la mayoría de los quehaceres diarios no es necesaria la prisa. El estrés es debido en gran parte a la inercia, sólo con estar presentes podemos bajar el ritmo y nuestros cuerpos lo agradecerán.

El sexo tántrico es conocido por su lentitud y por su duración. Es preciso estar relajados para hacer del sexo un experiencia maravillosa. La excitación del sexo convencional produce tensión y prisas que disminuyen de forma drástica la intimidad, el placer y finalmente el éxtasis. El sexo convencional se basa en la fricción de los cuerpos, sobre todo de los genitales, y como hemos dicho en el aumento constante de la excitación, olvidándose de la respiración y del estar presentes, hasta llegar rápida y compulsivamente al orgasmo, expulsando la energía sexual fuera del cuerpo.

El sexo tántrico por el contrario se fundamenta en la circulación de la energía sexual entre los cuerpos de los amantes, esto se consigue con la relajación, la respiración y la presencia durante el encuentro sexual. La pasión y la intensidad se pueden dar con un ritmo lento ¡Slow Life!

Taller De TANTRA

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Amor propio

El Amor hacia uno mismo es la clave de la vida. Cuando digo esto algunas personas creen que estoy exaltando el egoísmo. Consideran que quererse mucho es sinónimo de creerse el mejor, de acapararlo todo para uno mismo, de sentirse el centro del universo, de convertirse en un egocéntrico vamos. En realidad el amor propio termina en humildad.

Nos amamos cuando amamos todo lo que nos pertenece, nuestros dones, nuestras virtudes, nuestro cuerpo, nuestros gustos. Pero también debemos incluir en el lote nuestros condicionamientos, manías, ridiculeces, traumas, miedos, rencores, tonterías y demás “defectos”. Amar incondicionalmente nuestra parte oculta, oscura y dolorosa, la famosa sombra mentada por Jung.

Amar nuestra sombra no significa necesariamente que nos guste o que no intentemos cambiarla. Amarla significa mirarla, darle presencia, abrazarla, iluminarla, afirmar que existe: ¡aceptarla! Cuando somos capaces de esto, estamos siendo compasivos con nosotros mismos, a nuestra existencia acude la paz, la tranquilidad y la felicidad. Nos volvemos humildes por qué entendemos que la sombra de los demás ¡es tan parecida a la nuestra! Compartir y celebrar se vuelve entonces algo hermoso y mágico.

El sujetador

Este verano he visto a unas cuantas adolescentes por las calles de Madrid en sujetador. No con un top ni con la parte de arriba de un bikini ni con un sujetador deportivo ¡Eran sujetadores de ropa interior! Me ha parecido primero sorprendente y luego fantástico. Por tres razones: una estética, estaban bellísimas, la segunda política, se autodeterminan. Hace más por lo femenino una muchacha sóla en sujetador esperando el autobús ante la mirada atónita de los viandantes, que berrear barbaridades contra los hombres en manifestaciones multitudinarias. La vitalidad sería la tercera razón, las y los adolescentes nos recuerdan a los adultos que aún existen la sensualidad, la seducción, el atrevimiento y dicen: a la mierda tanta norma social.

A todos aquellos adultos a quienes se lo comenté les pareció fatal ¡Donde vamos a llegar! Frase totalmente reaccionaria y mil veces pronunciada: se grito cuando se pasó del bañador-burka al bañador que dejaba ver las piernas, luego al bikini y más tarde al top-lesss. También se dijo en múltiples ocasiones cuando se iban acortando los largos de las faldas, de las camisetas, de los pantalones y hasta de las bragas. Todas las generaciones viven algo parecido, mi madre que tiene 91 años me cuenta que cuando era jovencita, a finales de los años 40 del siglo pasado, años duros de verdad, se ponía las medias del revés para no parecerse a las viejas. Pero ocurre que cuando nos vamos haciendo adultos se nos olvida la sensualidad, el atrevimiento, la seducción y hasta follar. Demasiada vergüenza, demasiado miedo, demasiado convencionalismo, demasiada mente. Es claro que existen diferencias al vivir la sensualidad a los 15 años, a los 30, a los 45 o a los 60, pero otra cosa es encapsularla y tirarla al mar. La solución es afrontar todo esto volviendo al cuerpo ¡Más entregarse al sentir y menos discursos huecos!

 

El remedio

El remedio a la falta de calidad en el sexo y su escasa práctica pasa por volver al cuerpo. Refinar nuestros sentidos, relajar nuestros músculos, abrir el corazón al amor y permitir que la energía vital circule sin fin. Salirnos de la mente, del morbo, el sexo no se piensa se siente. Bueno quizá el morbo pueda ser como un aperitivo, como la guinda de un pastel, pero lo bueno es disfrutar del pastel entero. El sexo placentero, sensual, amoroso, que genera éxtasis -el éxtasis es sobrepasar nuestro yo pequeñito para convertirnos en un oceano de Paz, Amor y Placer- se consigue cultivando la intimidad con nuestra pareja. Mirándonos a los ojos, compartiendo nuestros gustos, siendo vulnerables a lo que ocurre en cada encuentro sexual, todos son diferentes. Sentirnos en cada roce de la piel, en cada beso, en cada abrazo, en cada gemido. Sin dejarnos llevar por una excitación apresurada que genera ansiedad por lograr el orgasmo. El sexo gozoso no produce estrés ni cansancio al contrario genera pura relajación, puro deleite, quedándose uno con la boca abierta ante la inconmensurable energía que fluye por todo nuestro cuerpo, no sólo por los genitales. Inundándonos de placer, paz, amor y de una mágica conexión con nuestra pareja… hasta tal punto que ya no hay límites entre ambos…

El sexo tántrico se basa en la circulación de la energía entre los amantes. Para que esa energía circule en bucle y no sea expulsada del cuerpo es necesario estar presentes en el acto sexual. Con la presencia evitamos dejarnos llevar por la excitación, la tensión y el aumento de los ritmos respiratorio y cardíaco que conducirán inevitablemente a una catarsis, al orgasmo, y a la salida de la energía vital y gozosa del cuerpo. No se trata de reprimir ninguna de esas situaciones de manera frontal sino de sentirlas y dejarlas pasar sin engancharnos a ellas. El Tantra deja al cuerpo hacer el amor, y nunca mejor utilizada la expresión, de una manera natural y espontánea. Con la presencia lo que intentamos conseguir es desprogramar los automatismos sexuales que culturalmente nos han inculcado y que nos restan creatividad, sensualidad, placer, amor y conexión con lo Divino.

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Felicidad

La felicidad no es euforia sin fin, ni alegría exultante, ni el sentimiento de ir ganando siempre, ni tampoco la consecución del placer perpetuo. Todos estos estados emocionales y sensoriales forman parte de la vida, es maravilloso poder sentirlos en toda su plenitud. Pero son transitorios, también existen los contrarios: la depresión, la tristeza, la perdida y el dolor. ¡Todo lo que sube baja! Claro, es muy seguro que preferimos los primeros a los segundos -exceptuando a los masoquistas- pero la existencia los trae a todos de serie ¡y no hay manera de evitarlos!

Con la aceptación de todo lo que nos depara la vida, nos guste o no nos guste, conseguimos paz interior. Huir permanentemente de la tristeza o del dolor acarrea tensión, miedo, sufrimiento y a la postre un colapso vital. El sufrimiento es el alargamiento del dolor no aceptado ni sentido en el tiempo.

La felicidad se parece a un estado inaprensible de paz o aceptación de uno mismo y del mundo, y a un Amor sin objeto hacia la Vida, traiga ésta lo que traiga. En definitiva un profundo sentimiento de pertenencia a algo infinitamente más grande que nosotros.

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Piel con Piel

La piel es el mayor órgano de nuestro cuerpo. Sirve como barrera protectora y como fuente de disfrute. La piel está inundada de terminaciones nerviosas que correctamente estimuladas nos procuran sanación, amor, placer o éxtasis. A pesar de ser latinos nos tocamos poco y en ocasiones mal, aún existen muchos tabúes al respecto ¡no quiero imaginar como lo hacen Japón o en Escandinavia!

Al tocar nuestros cuerpos existen dos energías diferentes: la energía sensual y la energía sexual. Saber diferenciarlas nos hará disfrutar plenamente de la piel y del cuerpo.

  • La energía sensual tiene la cualidad de ser abierta, acogedora, libre, la sensualidad nos mece, nos acaricia, nos relaja.
  • La energía sexual tiene la cualidad de ser concreta, potente, enfocada, la sexualidad nos toma, nos impulsa, nos activa.

La energía sexual se da entre adultos y su finalidad es tener una intimidad muy concreta: sexo. La energía sensual tiene una finalidad diferente: disfrutar de la piel y del resto del cuerpo sin que haya sexo por medio. La sensualidad puede darse entre hombres heterosexuales y mujeres también, aunque es más fácil que surja entre ellas. O entre personas de diferente género sin ninguna intención sexual. Bailar, abrazar, besar, dar masajes, acariciar, son actos sensuales. No estamos acostumbrados a ver que dos amigos, ambos heterosexuales, se acarician por miedo a meter el sexo por medio. En algunas culturas diferentes a la nuestra, los amigos, hombres, se pasean por las calles cogidos de la mano, es por tanto un asunto de costumbres.

Puede que en determinadas circunstancias la energía sensual cambie hacia una energía más sexual, pero sabiendo las diferencias podemos establecer límites claros y disfrutar de ambas cuando corresponda. No hace mucho tiempo que la desnudez era un gran tabú, ahora las playas y otros lugares están repletos de personas que muestran sus cuerpos con naturalidad, esperemos que pronto ocurra con la sensualidad.