Felicidad

La felicidad no es euforia sin fin, ni alegría exultante, ni el sentimiento de ir ganando siempre, ni tampoco la consecución del placer perpetuo. Todos estos estados emocionales y sensoriales forman parte de la vida, es maravilloso poder sentirlos en toda su plenitud. Pero son transitorios, también existen los contrarios: la depresión, la tristeza, la perdida y el dolor. ¡Todo lo que sube baja! Claro, es muy seguro que preferimos los primeros a los segundos -exceptuando a los masoquistas- pero la existencia los trae a todos de serie ¡y no hay manera de evitarlos!

Con la aceptación de todo lo que nos depara la vida, nos guste o no nos guste, conseguimos paz interior. Huir permanentemente de la tristeza o del dolor acarrea tensión, miedo, sufrimiento y a la postre un colapso vital. El sufrimiento es el alargamiento del dolor no aceptado ni sentido en el tiempo.

La felicidad se parece a un estado inaprensible de paz o aceptación de uno mismo y del mundo, y a un Amor sin objeto hacia la Vida, traiga ésta lo que traiga. En definitiva un profundo sentimiento de pertenencia a algo infinitamente más grande que nosotros.

Taller De TANTRA 

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Naturalidad

La naturalidad es espontaneidad en el trato y en el modo de proceder. Ser naturales y espontáneos conlleva dar respuestas orgánicas, más sentidas que pensadas. Es vivir más en nuestra energía que en nuestra mente. Es interactuar desde la inmediatez (que no desde la prisa) la fluidez y la entrega. Pero se han convirtiendo en un lujo asiático al ser manifestadas en tan contadas ocasiones. Al preguntarme las causas de tanta artificialidad en nuestras vidas me salen las siguientes ¿qué pensáis vosotros?

  • Por miedo a equivocarme y meter la pata.
  • Por interés: calculando ganancias y pérdidas.
  • Por aparentar ser quien no soy.
  • Por miedo al ridículo.
  • Por miedo a ser juzgado.
  • Para evitar que me vean como realmente soy.
  • Para evitar intimar y sentirme vulnerable.
  • Por falta de autoestima.
  • Por querer gustar a todo el mundo.
  • Para parecerme a mis perfiles de Twitter, Facebook o Instagram.

Pero vivir siempre en la artificialidad es un muermo horripilante. Hacemos muchas cosas para salir de ella, para ser por un ratito espontáneos y naturales: beber alcohol, tomar drogas, medicamentos, realizar actividades con mucha descarga de adrenalina. Ocultarnos en el anonimato de Internet, tener contactos con muy pocas personas y muy parecidas a nosotros, hablar frente al espejo…

Si afinamos un poco más nuestro análisis, podemos concluir que la falta de naturalidad y espontaneidad es en el fondo miedo a la soledad. ¡Sí! miedo a ser único, miedo a ser individuo, miedo a ser yo mismo ¡sólo hay uno como yo! miedo a salirme de lo mayoritario aunque no resuene conmigo. Honrar mi Verdad requiere valor y coraje.

¿Vale la pena tal esfuerzo?

 

 

 

Emociones mentales

Las emociones mentales son intentos de sentir desde el pensamiento. Cuando tenemos bloqueado nuestro sentir por alguna razón (traumas, fobias, miedo existencial) no podemos ser del todo conscientes de la energía que nos atraviesa el cuerpo. Las sensaciones corporales y los sentimientos están distorsionados y la energía vital apenas es perceptible. Vivimos entonces en la mente, pero vivimos una vida a medias, porque como ya sabemos la vida no se piensa se siente.

A pesar del bloqueo emocional siempre hay una intuición de que la vida es algo más que la mente, y también al observar como otras personas disfrutan desde sus sensaciones y sus sentimientos de una existencia más vivida, intentamos imitarles, inflando nuestras emociones desde el ego. Con un ejemplo lo comprenderemos mejor: si tenemos muchas ganas de tener pareja estable y no conseguimos dar en la diana, podemos agrandar la emoción hacia una persona que nos guste. Porque tiene los ojos preciosos o unos pechos grandes o una voz seductora o es muy divertida. Pero al no estar conectados con nuestro cuerpo y con nuestra energía no percibimos si realmente es una atracción profunda, no estamos percibiendo a la persona real. Inflamos la emoción mediante pensamientos, intentamos engañar al cuerpo cortando la energía. Cuando esa emoción explota como un globo o la relación amorosa con esa persona se convierte en dolorosa o vacía el batacazo emocional es soberbio. Tras muchos batacazos quizá decidamos abrir nuestro sentir, conectarnos con nuestra energía y con la energía de los otros ¡conectarnos con la vida!

¡Vivir mucho!

¡Estoy vivo y me siento vivo! Cuando esté en una silla de ruedas en el jardín de la residencia de ancianos quiero tener una sonrisa resplandeciente de ear a ear. Por haber Hecho el Amor con mi pareja hasta la extenuación. Lo pongo en mayúsculas porque son tan preciosas las palabras como el hecho en sí ¡Faire l’ Amour! Y no es fácil Hacer mucho el Amor existen muchas distracciones y muchos miedos que lo impiden. Eso también: Quiero afrontar mis miedos con todas sus consecuencias, me dará mucha pena cuando me tengan que bañar en la residencia, por no poder hacerlo sólo, no haber Honrado mi Verdad por miedo al ridículo o por miedo a romper las reglas familiares o por miedo a salirme del mainstream o por miedo a equivocarme o por miedo a enfrentarme a mis traumas. Cuando tenga que comer sin sal y sin grasas y sin lactosa y sin gluten… sin chicha ni limoná vamos, imaginaré que estoy comiendo las ricas viandas que degusté rodeado de personas atrevidas y gustosas que no sólo ingerían tofu y brócoli, de vez en cuando se arriesgaban con el jamón serrano. Recordaré cuando me duelan a rabiar las rodillas lo mucho que bailé y lo mucho que disfruté en los ecstatic dance y en otros templos del baile. Y será estupendo remenorar como hice todo lo posible por compartir el Amor que en ocasiones me desborda el Alma con todo aquel que quiso hacerlo. También será maravilloso poder dar la mano a una anciana con la que logré abrir mi cuore de par en par y contemplar el suyo en carne viva. Y será divertido aventurar como es el Último Viaje o la Muerte o Estirar la Pata. Me siento bien contemplando como el mundo cambia y como cambio yo con él. Cuando tenga 90 años, dentro de 40, todo será tan distinto que ni me lo imagino, quizá no entienda algunas cosas, sólo espero seguir teniendo la mirada de aquel niño que aseguraba que el mundo lo hizo Dios para que jugara todo lo que quisiera.

Mamás, papás y maestros espirituales

Los padres (o cuidadores en su ausencia) son personas importantísimas en nuestro recorrido vital. Nos traen a la vida, nos crían, nos educan, nos aman (cada uno como sabe y como puede). Cuando somos niños nuestra dependencia de ellos es total. Y nuestra capacidad de dar es pequeñísima comparada con lo que recibimos. Cuidar a un niño requiere por parte de los padres ingentes cantidades de energía, tiempo, amor, desvelos, sacrificios, presencia, bienes materiales… que un hijo nunca podrá devolver por mucho que se empeñe.

Los padres tienes sus valores, sus normas y sus creencias y también tienen sus manías, neurosis, tonterías, adicciones y demás rasgos que los hacen humanos. De niños debemos acatar todo eso, de adolescentes deberíamos empezar a cuestionar si va con nosotros todo lo que predican y practican. De jóvenes deberíamos explorar nuestros propios valores, normas y creencias para ya en la madurez guiarnos por ellos. El problema estriba en que nunca maduramos si acatamos sin más la herencia familiar o vamos a la contra todo el tiempo.

-Mamá yo como tú: seré una neurótica que le irá mal con los hombres, me casaré con un ingeniero más tieso que un palo pero con una buena posición social.

-Papá yo como tú: seré un hombre recto, formal, cumplidor de las normas sociales pero más triste que un cuadro del Greco.

El amor hacia los padres es tan grande que hacemos eso y cosas peores. También el miedo a contrariarles y el miedo a la libertad nos hacen ser sumisos. Sólo seremos seres libres, independientes y maduros honrado nuestra verdad. Si vamos con veintitantos, treinta, cuarenta o más años a pedir permiso a nuestro papá o mamá sobre asuntos importantes, o se los ocultamos por miedo a su reacción, siempre seremos niños. En el fondo los limites son un acto de Amor de los padres hacia los hijos: para que saltemos del nido ya de una vez ¡por Dios!

Ocurre algo similar con los maestros espirituales o papás y mamás espirituales. Nos guían, nos ayudan a desprogramarnos (los que te programan no son maestros espirituales son otra cosa), nos reflejan el Amor y la Presencia que somos. Pero llega un momento que debemos soltarlos, dejar de considerarlos maestros y de repetir sus enseñanzas de carrerilla, porque sino estamos haciendo religión o peor aún estamos en una secta. Debemos enfrentarnos al miedo a ser libres, a equivocarnos, a honrar nuestra verdad, dando incluso un puñetazo encima de la mesa si es necesario. Puede haber más Verdad al observar con Presencia tres gotas de agua cayendo que en todas las estatuas del Buda.

A vueltas con el apego y el desapego

Existe mucha confusión en torno al apego y al desapego. El apego es desear seguir viviendo algo que ya ha pasado por no querer sentir lo que viene después ¡imposible! Nos apegamos a lo placentero, a lo alegre, a los subidones energéticos, a los enamoramientos románticos, a los aplausos… pero incluso nos apegamos a relaciones tormentosas o vacías por miedo a estar sin pareja. Nos apegamos a personas, pensamientos, acciones o sustancias tóxicas por miedo a asumir nuestra responsabilidad, y por el pánico al no saber. El apego es muy doloroso, es vivir fuera de nosotros mismos. El desapego es dejar ir lo que ya sucedió, es aceptar de una manera orgánica, vivida y total que lo que empieza termina. Para eso hace falta lo que siempre apunto: autoestima (Amor) y valor y coraje (Presencia)

La confusión viene cuando hartos de sufrir por apegarnos a todo lo “bueno” y a una parte considerable de lo “malo” nos convertimos en “desapegaos”: En seres que ni siente ni padecen. Tenemos relaciones de pareja embutidos en trajes de neopreno, se muere nuestra madre y no hacemos ni duelo ni nada. Nos hacen la vida imposible en el trabajo y decimos “como he decidido desapegarme de todo pues no me importa” Desapegarse no es convertirse en espectador de esta tragi-comedia-dramática-absurda-y-maravillosa que llamanos vida, es seguir siendo el actor principal. El desapego es sencillamente dejar pasar lo ya vivido, pero tras vivirlo plenamente claro, e intuir que lo que nos depare la existencia será lo adecuado para nosotros. Existir en el escenario de nuestra vida es maravilloso, no lo es tanto acoplarse en patio de butacas.

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Pereza de Sentir

Cuando hablamos mentimos ¡mucho! a veces con intención de hacerlo y en ocasiones sin darnos cuenta.

Mentimos para ocultar cosas dolorosas:

-¿Qué tal el trabajo?

-¡Uf, fenomenal!

Por no llevar la contraria:

-Yo no creo que que haya cambio climático.

-Ya… yo tampoco.

Por no herir sentimientos:

-¿Qué tal me queda el pelo rosa?

-¡Precioso!

Por no romper el momento:

-¡Otra ronda de birras!

-¡¡¡PERO SI LLEVAMOS SIETE!!! ¡… venga vale, la última!

-¡La penúltima!

Por presumir:

-¿Qué tal en Birmania?

-¡¡¡Genial!!! ¡Me encanta viajar! (Te dio colitis, te brearon los mosquitos, te robaron la mochila, te horneaste de calor y encima por una pasta)

Por “amor”:

-¿Te ha gustado?

-¡Me encanta el sexo contigo!

Por envidia y por fastidiar:

-Mira con que hombre tan guapo y tan buenorro he quedado está noche.

-Yo le veo del montón.

Por miedo:

-¿No te importa quedarte un par de horas más?

-En absoluto, hasta que venga el pedido.

Por interés:

-Entonces el funcionario me dijo que me faltaba un papel… ¿me estás escuchando?

-Si claro que te escucho… que te faltaba un escote… digo un funcionario… esto un papel… muy interesante la conversación…

-¡Miramé a los ojos!

La mentira está tan arraigada que nos mentimos a nosotros mismos cuando pensamos:

-No le he llamado gordo, sólo le he dicho que come como un elefante, que le sobran 20 kilos y que está fofo ¿Por qué se enfada?

Otro ejemplo:

¡Si no bebo tanto! Hoy únicamente cuatro whiskys y seis cervezas.

Más pensamientos:

¡Estoy alegre! ¡Soy alegre! ¡Vivo en la alegría! ¡Pensamiento positivo! Fuera tristeza fuera, no quiero sentirte…

Mentimos desde el pensamiento y lo hacemos fundamentalmente para no sentir. Los pensamientos nos sirven de amortiguadores. Los utilizamos para manipular la realidad, para no vivir lo que no nos gusta. Cuando ponemos filtros mentales nos rodeamos de escudos protectores que nos aíslan, pero es lo último que queremos. Deseamos fervientemente intimidad con nosotros mismos y con los demás: la mentira boicotea la intimidad. La sinceridad es intimidad con uno mismo y por ende con los otros. Se crea intimidad cuando abrimos el corazón y regalamos nuestro sentir a la vida, nos unimos con ella. Experimentar todos los sentimientos, todas las sensaciones, todas las emociones es la plenitud ¡La sinceridad libera el Alma!

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